jueves, 19 de julio de 2018

ABC:Las ballenas vascas que pudieron cazar los romanos


El gran naturalista Plinio el Viejo (siglo I d.C.) describe en su «Historia Natural» cómo unas orcas atacaban a unas ballenas y sus crías recién nacidas en la bahía de Cádiz. La escena es desconcertante, ya que no encaja en absoluto con la vida marina del Mediterráneo. Pero el sabio antiguo no se imaginó una fantasía. Un equipo internacional de científicos, entre ellos varios españoles, ha descubierto huesos de ballenas francas y grises, dos especies costeras completamente desconocidas en esas aguas, en antiguas fábricas de procesamiento de pescado de varias ciudades romanas de Cádiz, Ceuta y Marruecos. Según los autores, el hallazgo podría suponer una nueva evidencia de que los romanos ya cazaban ballenas en el Estrecho siglos antes de que lo hicieran los vascos en el Cantábrico. Al menos, sí parece que procesaban su carne.

«Es muy probable que hubiese existido una activa explotación de mamíferos marinos en la antigüedad, especialmente en la época romana y en el ámbito de Gibraltar», explica a ABC Darío Bernal Casasola, catedrático de Arqueología en la Universidad de Cádiz. «Es decir, que la pesca de ballenas sistemática y organizada se inició mucho antes de lo tradicionalmente explicado (con los vascos en la época medieval), rompiendo un paradigma preestablecido», continúa.

A partir de los análisis de ADN antiguo y colágeno, investigadores de la Universidad de York en Reino Unido identificaron los restos como pertenecientes a la ballena franca glacial o ballena de los vascos (Eubalaena glacialis) y a la gris (Eschrichtius robustus). Después de siglos de caza, la primera se encuentra hoy en día muy amenazada en el este de América del Norte y la segunda ha desaparecido por completo del Atlántico norte para restringir su presencia al norte del Pacífico.

Antes de este estudio, publicado en la revista «Proceedings of the Royal Society B», los científicos creían que estas dos especies migrantes nunca se habían adentrado en el Mediterráneo. Pero resulta que hace dos mil años, ese mar pudo ser un refugio para ellas, «un lugar cálido donde parir a sus crías tras alimentarse en aguas más frías», explica José Antonio Pis Millán, biólogo y técnico de la Dirección General de Pesca Marítima en Asturias.

Estos hallazgos contribuyen al debate sobre si, junto con la captura de peces grandes como el atún, los romanos también desarrollaron una industria ballenera. La región de Gibraltar estaba en el centro de una industria pesquera masiva durante la época romana, con productos exportados a todo el Imperio, como el atún en salazón o el garum (salsas de pescado). Las ruinas de fábricas con grandes tanques de salazón todavía pueden verse hoy. Es el caso de los lugares donde se encontraron los restos: Baelo Claudia (Tarifa), Iulia Traducta (Algeciras), Septem (Ceuta) y Tamuda (Tetuán, Marruecos).

«Los romanos no tenían la tecnología necesaria para capturar las especies grandes de ballenas que se encuentran actualmente en el Mediterráneo, que son de alta mar, pero las ballenas grises y sus crías habrían llegado muy cerca de la costa, convirtiéndose en tentadores blancos para los pescadores locales», explica Ana Rodrigues, del Centro Nacional Francés de Investigación Científica, lo que viene a ser el CSIC en España. Aunque también es posible que los huesos sean una recolección oportunista de varias ballenas a lo largo de la costa, «esas especies identificadas en nuestros yacimientos son las que 'flotan' cuando mueren. Es decir, las más sencillas de pescar, lo cual refuerza nuestras hipótesis», señala Bernal Casasola.

En chalupa y con arpones

Los investigadores creen posible que las ballenas fueran capturadas con pequeños botes de remos y arpones de mano, métodos que siglos más tarde emplearían los legendarios balleneros vascos. Claro que, si fuera así, los romanos habrían arrebatado a los pescadores del norte el mérito de ser los primeros en enfrentarse de forma organizada desde frágiles chalupas a gigantes que, de media, podían pesar unas 50 o 60 toneladas y medir unos 16 metros de longitud. Los testimonios escritos sobre balleneros vascos más antiguos están fechados en el año 1059.

La hipótesis es controvertida. Como apunta Pis Millán, «es cierto que estas ballenas, a pesar de su gran tamaño, se acercan a la orilla, por lo que resultarían fáciles de cazar, así que no veo por qué los romanos, tan avanzados, no iban a hacerlo. Pero, por otro lado, es difícil demostrarlo. En sus mosaicos se ve perfectamente lo que pescaban y en ninguno aparece una ballena, tampoco en ningún documento escrito», apunta.

Cuántos ejemplares poblaron el Mediterráneo y cuánto tiempo estuvieron allí es todavía un misterio. Por qué desaparecieron, también. Ni siquiera está claro que la ballena vasca fuera expulsada del Cantábrico por culpa de la caza excesiva. «Parece mentira que pudiéramos haber perdido y luego olvidado dos grandes especies de ballenas en una región tan bien estudiada como el Mediterráneo. Te hacer pensar qué más hemos olvidado», reflexiona Rodrigues.