miércoles, 20 de junio de 2018

National Geographic:Descubierto un nuevo mosaico romano en Asturias


Un nuevo mosaico romano polícromo fue descubierto el pasado mes de abril en el yacimiento de la Villa de San Martín o Villa de Andayón en el concejo de Las Regueras, al noroeste de Oviedo, y se trata del cuarto que se localiza en Asturias y el segundo del yacimiento arqueológico, según informa Juan R. Muñiz, el director de las excavaciones, a este medio. Las grandes dimensiones del mosaico, con toda probabilidad superiores a los cinco metros de lado, además de su calidad formal y rica combinación de colores, "parecen confirmar la impresión de que nos encontramos ante la villa romana con el mayor y más rico repertorio decorativo de todas las que han podido ser documentadas arqueológicamente hasta ahora en Asturias".

La parte descubierta "se encuentra en excelente estado de conservación y corresponde con toda probabilidad a menos de una cuarta parte de la superficie total", según ha avanzado el equipo de excavación. La ornamentación está formada por motivos geométricos: flores hexapétalas (que tienen seis pétalos), cuadrados, losanges (rombos), círculos, sogueados (cuerdas) y cruces gamadas. Sobre el pavimento yacen restos significativos de los pavimentos y revocos que cubrían las paredes y que se derrumbaron tras el abandono de la villa. Marta Corrada, la conservadora y restauradora del equipo, ha dirigido los trabajos de sellado de estos restos en espera de una futura reexcavación integral.

El hallazgo se ha producido durante los trabajos de excavación que realizaba el equipo de Juan R. Muñiz en una finca incluida en el perímetro del yacimiento; la excavación ha contado con la colaboración de los propietarios de los terrenos. El valor aqueológico del lugar ya era bien conocido gracias a los restos significativos hallados en las excavaciones realizadas en 1958, 1961 y 2013. Los nuevos trabajos, financiados por el Ayuntamiento de Las Regueras, tenían por objeto precisar la potencialidad y el grado de conservación del yacimiento romano, con vistas a su posible declaración como Bien de Interés Cultural. La actuación se integra dentro del proyecto Las Regueras Romanas, dirigido por Juan R. Muñiz en la parte técnica y por Elías Carrocera, de la Universidad de Oviedo, en la parte científica.

martes, 19 de junio de 2018

El País: Pompeya, en busca de una segunda vida


En el viaje al interior del nuevo yacimiento aparecen tres domus originales con balcones asombrosamente bien conservados, frescos intactos como el que da la bienvenida a la llamada casa de los delfines, con la representación de una pareja de estos mamíferos en color dorado nadando en un fondo negro. O propaganda política grabada en rojo y negro en los muros de una casa de una calle transitada que confirma que la ciudad estaba en plena campaña electoral, aunque no pudieron concluirla antes de que la furia del Vesubio arrasara con todo. “Os ruego que votéis a Elvio Sabino, digno del Estado, un hombre bueno”, se lee en una. D’Esposito aclara que era un personaje respetado en la urbe y, a juzgar por el gran número de inscripciones con su nombre que se han encontrado en otros periodos, muy presente en la vida pública. Algo que no resultaba fácil, dada la reputación histórica de votantes exigentes que tenían los pompeyanos. Cicerón incluso solía comentar que era más sencillo llegar a senador en Roma que a decurión en Pompeya.


Estos y otros importantes descubrimientos que han resurgido en ese sector, conocido como Regio V, al norte del yacimiento, se presentaron la semana pasada a un grupo de medios. “Pompeya todavía vive y nos deja mensajes día tras día”, resumió el general Mauro Cipolletta, director del Gran Proyecto Pompeya. La zona está en proceso de excavación y llena de fosos todavía abiertos, pero, cuando concluyan las obras y se hayan sacado a la luz todos los tesoros, abrirá al público.

En esta fase se aprecia un gran contraste entre las calles del resto de la ciudad, sorprendentemente bien conservadas y por las que transitan cómodamente cada año tres millones y medio de turistas, y la Pompeya inédita. Aquí los pies se hunden en el suelo al avanzar entre el material volcánico que cubrió la ciudad. Y las pequeñas piedras de lapilli —fragmentos sólidos de lava, una especie de granizo negro— se cuelan en los zapatos.

En esta parte hay un constante trajín de brochas, escobas, palas y carretillas envueltas por una polvareda perenne. Los excavadores remueven la tierra mezclada con piedra pómez, cenizas y el flujo piroclástico por todas partes. Lo hacen bajo un calor sofocante que recuerda a aquel tórrido verano del año 79 de nuestra era, cuando el Vesubio se despertó y barrió la próspera Pompeya.

Poco a poco van saliendo a la luz pinturas que conservan casi inalterado el clásico rojo pompeyano, decoraciones y todo tipo de mobiliario. Como un elegante candelabro de bronce, que emergió íntegro, apoyado sobre una pared en la llamada casa de Júpiter. O un conjunto de ánforas, en el callejón de los balcones, colocadas boca abajo para que se secaran al sol. Cada hallazgo es como una cápsula del tiempo cada vez más precisa. “Con las nuevas técnicas somos capaces de ver las estructuras exactamente tal y como se encontraban en el momento de la erupción y eso nos ayuda a entender las dinámicas de destrucción del paso del tiempo”, explica la arquitecta Arianna Spinosa, directora de las excavaciones del Gran Proyecto Pompeya.


En el parque arqueológico, cada día se revive la emoción de las primeras excavaciones. Todos comentan el hallazgo más significativo de esta nueva etapa, que retrata el lado humano de la tragedia y que ha dado la vuelta al mundo: el esqueleto de un hombre que murió decapitado por una gran roca cuando trataba de salvarse de la erupción. Corría todo lo deprisa que su pierna enferma le permitía, pensando probablemente que escapaba del castigo de los dioses y no de una de las mayores catástrofes naturales de la historia. “Es dramático”, dice Giordano, que presenció el descubrimiento, mientras señala la posición en la que aparecieron los restos, que ahora se encuentran en un laboratorio. También habla de la lluvia que lo sepultó en cuestión de segundos, a la vez que señala con respeto al imponente Vesubio, una mole ingente que domina la bahía de Nápoles y que por ahora duerme.

El Gran Proyecto Pompeya se lanzó en 2012 para subsanar lo que se apodó la “segunda destrucción” de la ciudad, casi más terrible que la primera por la desidia que la provocó: acabó asolada por el abandono y los derrumbes. Años de gestión deficiente y la injerencia de la camorra napolitana pusieron en peligro incluso la denominación de Patrimonio de la Humanidad. A partir de 2014 empezaron a dejarse atrás esos fantasmas y se dio salida a los fondos que la Unión Europea aportó al plan —115 millones de euros— hasta entonces bloqueados en un cajón. La administración del yacimiento tomó un nuevo rumbo y ahora comienzan a verse frutos trascendentales. Pompeya parece lista para afrontar el reto de la ardua conservación de los restos descubiertos y para evitar que alguna parte vuelva a quedar sepultada. Aunque el director del parque arqueológico, Massimo Osanna, invita a la prudencia: “No hay que bajar la guardia, tres años sin manutención serían suficientes para que hubiera que comenzar de cero”.

lunes, 18 de junio de 2018

ABC:El misterio del águila bicéfala romana al que los arqueólogos no dan respuesta


Los arqueólogos internacionales especializados en el mundo clásico siguen sin resolver el significado de la mano de bronce romana (siglo I d.C.) que empuña una espada con una excepcional águila de dos cabezas hallada hace ya trece años en el yacimiento romano de Lucentum (antigua Alicante). De 6.110 gramos, 35 centímetros de largo y 11,2 de ancho, esta mano izquierda sostiene el pomo de una espada ceremonial con el águila bicéfala y es la única parte que se conserva de una escultura erigida a un emperador ataviado de militar (se desconoce quién) que se salvó de la refundición de los siglos posteriores debido, probablemente, a su valor como talismán.

Esta escultura lleva el característico anillo imperial con el trazo de un «lituus» (representa el bastón de los sacerdotes augures), debió medir unos 2,2 metros de altura y por su incalculable valor y singularidad el fragmento fue exhibido en la Sala del Trono (o de San Jorge) del prestigioso museo Hermitage de San Petersburgo (Rusia) con motivo del año 'España en Rusia' en 2011.
Posteriormente fue a Assen (Holanda) antes de también formar parte de una exposición antológica del Museo Arqueológico Nacional (MAN) de Madrid. El director técnico del centro expositivo donde se exhibe, el Museo Arqueológico de la Diputación de Alicante (MARQ), Manuel Olcina, ha relatado a Efe que se trata de una pieza «única» y «sin paralelos» en el mundo romano por tener el águila bicéfala.

Hay numerosos ejemplos de águilas de una cabeza en el mundo romano pero «nunca de dos», en palabras de Olcina, quien ha recordado que un águila bicéfala protagoniza el escudo de Rusia, pero no proviene de los romanos sino en la caída del imperio Bizantino, momento en el que los zares heredaron esta simbología.

A su vez, los bizantinos la habían tomado de los Selyúcidas musulmanes turcos y el único antecedente de este símbolo se halla en la civilización Hitita (dos mil años antes en la misma zona), aunque sin una aparente conexión directa con los romanos.

«Hemos presentado este 'unicum' (único en latín) en congresos internacionales y hemos consultado con decenas de colegas europeos y estadounidenses, y no hay nada parecido por lo que no sabemos qué significan esas dos cabezas de águila», según el arqueólogo del MARQ, quien especula que podrían simbolizar dos poderes, dos legiones distintas o, incluso, Oriente y Occidente.

En todo caso, la comunidad científica no tiene claro a qué hace referencia, «y no poder interpretar el significado de esta pieza supone, para mí, una frustración», ha confesado.

La mano con el águila bicéfala fue descubierta el 23 de marzo de 2005 (un Miércoles Santo) a un metro de profundidad en una excavación en el Tossal de Manises de la antigua Lucentum dirigida por Olcina y Rafael Pérez Jiménez, arquitecto de la Diputación y responsable de la conservación del yacimiento, al frente de un equipo de arqueólogos, restauradores, dibujantes, topógrafos, encargados y peones.

Los afortunados en toparse con ella y extraerla fueron los arqueólogos Antonio Guilabert y Eva Tendero; en un principio, los expertos internacionales dudaron de su autenticidad y pusieron en tela de juicio la procedencia y antigüedad, pero una vez acreditada la metodología científica de su extracción se abrió un nuevo debate para tratar de contextualizarla e interpretar el mensaje que se quería trasladar.

Se cree que se pudo fabricar en un taller de alguna provincia de la actual Italia, Grecia o Turquía, y «al ser el retrato oficial de un emperador, no puede ser una improvisación del artista sino que tiene que querer decir algo, seguramente un mensaje que fue repetido en otras obras que, quizá, estén por encontrarse», según el director técnico del museo alicantino.

Otra aportación de la mano de Lucentum es que el característico gesto de los dedos del emperador, sujetando el pomo de la espada para que la hoja repose en el antebrazo, ha facilitado saber que era precisamente una espada lo que habrían llevado en un principio otras manos romanas halladas con la misma disposición pero que se han encontrado vacías, como la estatua acorazada de Sancti Petri (Cádiz), del siglo II a.C.

sábado, 16 de junio de 2018

National Geographic:Un eslogan político de Pompeya: "Por favor elegid al edil Helvio Sabino, uno bueno"


Tres inscripciones electorales han aparecido en los antiguos muros de Pompeya durante las recientes excavaciones en la inexplorada Región V del sitio arqueológico, según informa el Parque Arqueológico de Pompeya. Un eslogan político, pintado con letras negras sobre un fondo blanco, dice lo siguiente en latín: "Helvium Sabinum Aedilem D(ignum) R(ei) P(ublicae) V(irum) B(onum) O(ro) V(os) F(aciatis)". Significa lo siguiente: "Por favor elegid al edil Helvio Sabino, digno del Estado, uno bueno".

En el muro sur, en letras rojas sobre fondo blanco, pone lo siguiente: "L(ucium) Albucium Aed(ilem)", una inscripción que quizá continúa por debajo del nivel excavado, en la zona cubierta por los fragmentos piroclásticos expulsados por el Vesubio, y que hace referencia a los Albucios, que probablemente eran los propietarios de la Casa de las Bodas de Plata. Las inscripciones fueron realizadas sobre un estrato de pintura blanca, quizá para tapar unas inscripciones anteriores y, de todas formas, para crear una superficie regular sobre la cual se han conservado los eslóganes políticos, relacionados con las últimas elecciones de Pompeya antes de la catástrofe del 79 d.C.


Por otro lado, las excavaciones arqueológicas también han sacado a la luz nuevos frescos de la Domus de los Delfines (denominada así porque uno de los corredores de entrada o fauces estaba decorado con una pareja de delfines, además de varios animales y perspectivas arquitectónicas) y un precioso portalucernas de bronce de un ambiente residencial de la Casa de Júpiter.

viernes, 15 de junio de 2018

ABC:Los dioses y héroes que habitan el Olimpo del Prado


Si creen que las películas de Tarantino son violentas y crueles, vayan al Museo del Prado y admiren «El banquete de Tereo», de Rubens. Es una de las 90 obras de la colección del Prado incluidas en el libro «Los mitos en el Museo del Prado» (Guillermo Escolar Editor), escrito por los historiadores del Arte Miguel Ángel Elvira –fue conservador jefe de escultura en el Prado y director del Museo Arqueológico Nacional– y Marta Carrasco, pareja editorial y en la vida real. En los cuadros que cuelgan en el Prado hay encerradas historias de amor arrebatado, pasiones desatadas, tragedias, celos, torturas, violaciones, raptos, bacanales y hasta escenas de canibalismo. No se andaban con chiquitas los viejos maestros. Hay un «Prado gore» no apto para la pacata era de Facebook, donde se censuran los desnudos más castos. ¿Habría que quemar el museo ante semejante iconografía orgiástica?

La colección del Prado es tan rica que admite múltiples miradas. Una de ellas es la mitología: las increíbles historias de dioses, héroes, ninfas, musas y sátiros que pueblan este Olimpo artístico. «Detectamos un vacío en la pinacoteca -advierte Carrasco-. Faltaba un libro, de formato cómodo y con ilustraciones de calidad, que fuese académico y a la vez divulgativo para escolares, aficionados a la mitología y visitantes del museo». Un proyecto que les ha llevado cuatro años y en el que el Prado ha colaborado cediendo todas las imágenes.

No se trataba, dicen los autores, de hacer meras descripciones de los cuadros, sino de explicar los mitos, las circunstancias en que fueron pintados, las fuentes literarias... «El Prado tiene la colección más importante de temas mitológicos que hay en España –añade Elvira–. Los reyes siempre han sido muy aficionados a la mitología. Se veían reflejados como dioses». La mitología ha sido constante motivo de inspiración para el arte. Ha excitado la imaginación y creatividad de los pintores y escultores. No es de extrañar, pues, que las musas acudieran a visitarlos (o pasasen de largo, según los casos) en sus talleres. La principal fuente en que se basaron fue «Las Metamorfosis», de Ovidio.
Rubens, Tiziano y Velázquez

Si hay un pintor de mitologías por excelencia, ese es Rubens. Su catálogo de deidades es impresionante: Prometeo, el rapto de Proserpina, Andrómeda liberada por Perseo, Diana y sus ninfas sorprendidas por sátiros, las tres Gracias... Las obras que le encargan para la Torre de la Parada son, según los autores, «el más importante conjunto de mitología del mundo». Tiziano y Velázquez, explican Carrasco y Elvira, «tienen formas muy peculiares de ver la mitología. El primero llamaba a sus cuadros mitológicos “Poesías”, porque consideraba que eran muy personales. Velázquez quería reivindicar la importancia del artista como creador». Del genio veneciano, el Prado atesora brillantes creaciones mitológicas. El celestino más célebre de la Historia, Cupido, se cuela en varias obras del Prado. De los héroes, aparece un Hércules pintado por Zurbarán. «Es una figura que fascinaba a los reyes de España. Todos se consideraban sus descendientes», explica Miguel Ángel Elvira. Ni rastro del coqueto Narciso


Podeís leer el articulo completo en: http://www.abc.es/cultura/arte/abci-dioses-y-heroes-habitan-olimpo-prado-201806150628_noticia.html

jueves, 14 de junio de 2018

National Geographic:La fundación de Cartago, el origen de la gran potencia mediterránea


Uno de los episodios más célebres de la literatura occidental es el de la llegada del príncipe troyano Eneas a Cartago, donde es acogido por la bella reina Elisa, también conocida como Dido. Entre largas conversaciones, banquetes y partidas de caza ambos protagonizan una historia de amor que se verá truncada por la huida intempestiva del troyano para cumplir su destino de fundar una nueva ciudad en Italia, a lo que sigue el suicidio de la reina cartaginesa. Sin embargo, el idilio entre Dido y Eneas no es la única leyenda en torno al origen de Cartago. Una antigua tradición, recogida entre otros por el cronista romano Justino, relata asimismo las circunstancias en que la propia Dido había fundado la ciudad y cómo se inmoló para asegurar su pervivencia.

Todo comenzó en Tiro, la gran ciudad-estado fenicia en la costa del actual Líbano. El rey de la ciudad, Mattan, tenía dos hijos: un varón, Pigmalión, y una mujer, Dido. Tras la muerte del padre, los hermanos se disputaron la sucesión al trono. Dido, quizá por intereses políticos y hereditarios, contrajo matrimonio con su tío paterno, Acerbas, sacerdote de Melkart, quien reunía en su entorno un enorme poder político y militar. Pero Pigmalión, por miedo a perder su posición, asesinó brutalmente a Acerbas. Durante un tiempo Dido disimuló su horror, pero sólo para preparar mejor su huida de la ciudad, llevándose consigo los inmensos tesoros de su esposo, que su hermano codiciaba.

Finalmente, la princesa y un nutrido grupo de fieles se embarcaron hacia Occidente. En su primera escala, en Chipre, la comitiva se acrecentó con nuevos colonos fenicios. Asimismo, con el beneplácito de los sacerdotes del templo de Astarté, Dido se llevó a unas ochenta mujeres jóvenes para casarlas con sus seguidores y fundar una nueva colonia –aunque, según la versión de Justino, las doncellas fueron secuestradas–. Tras escuchar un oráculo que anunciaba la fundación de una nueva ciudad, Dido y sus seguidores partieron de Chipre y prosiguieron la ruta hasta alcanzar la costa del actual Túnez.

La leyenda sigue contando que el rey ingeniosamente engañado por Dido quedó prendado de su belleza e inteligencia y se propuso a toda costa tomarla como esposa. Expuso su pretensión a un grupo de notables fenicios, a los que amenazó con declararles la guerra si no convencían a la princesa. Sabedores del horror que sentía Dido por los «bárbaros» africanos, los nobles fenicios intentaron engañarla. Le dijeron que el rey Hiarbas pedía que alguien acudiera a su corte para civilizarlos, y cuando la reina les dijo que cualquiera de ellos debería estar dispuesto a cumplir esa misión aun al precio de su vida, le revelaron la verdadera pretensión de Hiarbas. Dido, entre sollozos y lamentos, les aseguró que haría lo que pedían, pero al cabo de tres meses mandó erigir una pira en las puertas de la ciudad, se subió a ella y se atravesó el pecho con un cuchillo.


Detrás de esta historia legendaria, que conocemos tan sólo por las fuentes grecorromanas, puede adivinarse una realidad histórica. Para empezar, el viaje de Dido y sus compañeros evoca el fenómeno de la colonización fenicia en el Mediterráneo. Sabemos que, desde finales del II milenio a.C., gentes de Tiro, Sidón y otras ciudades fenicias, bajo la amenaza constante del vecino Imperio asirio, surcaron el Mediterráneo en sus barcos. Los marinos fenicios adquirieron un amplio conocimiento no sólo de las técnicas de navegación, sino también de los fondeaderos y los puntos de aguada para sus flotas. Así establecieron rutas marítimas fijas y entraron en contacto con los distintos pueblos de las orillas del Mediterráneo, con los que establecían pactos. La fundación de colonias fue el último paso en este proceso.

Lo que dice la arqueología

Cartago es una de las fundaciones coloniales fenicias más antigua. Según algunos autores (como Filisto de Siracusa, Eudoxo de Cnido o Apiano), su establecimiento se remonta a la época de la guerra de Troya –datada hoy hacia 1200 a.C.–, lo que justificaría el encuentro entre Eneas y Dido. Otras fuentes, con más verosimilitud, sitúan esa fundación hacia finales del siglo IX a.C. Una inscripción del rey asirio Salmanasar III la data entre 825 y 820 a.C., e incluso alude a un rey Mattenos/Mattan de Tiro. Esta última fecha ha sido confirmada por la arqueología y por las dataciones de radiocarbono.

También hay indicios de que los colonos fenicios entraron en contacto con la población indígena del lugar. El nombre de Cartago, en fenicio Qart Hadasht, significa «ciudad nueva», un topónimo que los fenicios utilizaron para sucesivos asentamientos de similar carácter en Chipre, Cerdeña, el norte de África o en la península Ibérica, donde los propios cartagineses fundarían en el siglo III a.C. la actual Cartagena. En el caso de Cartago, el topónimo tal vez indica que a la llegada de los tirios existía un asentamiento indígena en la colina de Byrsa. Los arqueólogos han hallado en la zona agujeros de postes, propios de pequeñas cabañas típicas de un asentamiento anterior a la llegada de los fenicios. Estas cabañas, de planta oval, presentan una estructura arquitectónica simple con cimientos de mampostería y muros de adobes. Hemos de imaginar toda la ladera sur de la colina de Byrsa construida con estas cabañas de cubierta vegetal, agrupadas dejando espacios abiertos entre sí a modo de plazas, donde se intercambiarían todo tipo de productos y ganado. No en vano, en la Eneida Virgilio explica cómo Eneas, a la vista de Cartago, «admira esta obra hasta no hace mucho constituida por simples chozas».

Tal como se relatan en el mito, las negociaciones entre Dido y los indígenas de la zona, primero para comprar el terreno y luego para negociar un enlace, también pueden reflejar hechos de épocas remotas. Las relaciones coloniales solían ir acompañadas de pactos, del pago de tributos y de adquisición de terrenos. Además, Cartago no fue una colonia aislada de su entorno, sino que surgió como una cultura mestiza desde su inicio. La base cultural fenicia de la nueva colonia no impidió que los pobladores de origen africano dejaran en ella su rastro, como atestiguan las fuentes documentales. Justino describe cómo, «atraídos por la esperanza de ganancias, los habitantes de los lugares cercanos acudieron en tropel para vender sus géneros a estos nuevos huéspedes, estableciéndose junto a ellos, y su número creciente daba a la colina el aspecto de una ciudad». Las posibilidades que ofrecía el lugar eran óptimas, sobre todo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

De aldea a gran metrópoli

Asimismo, la arqueología aporta información sobre la fisionomía de la Cartago arcaica. Las casas, de planta rectangular, se disponían en varias alturas y contaban con terrazas y pequeños patios interiores. Desde muy temprano se desarrolló un urbanismo organizado en torno a calles y plazas. De la primera Cartago se han localizado los restos de los puertos, algunos espacios sagrados como el tofet (santuario dedicado a los dioses Tanit y Baal donde se practicaban sacrificios humanos) y las murallas.

Gracias a su posición geográfica y a los beneficios de su actividad comercial, Cartago estableció en pocas décadas su liderazgo sobre el resto de las colonias fenicias del Mediterráneo central, al tiempo que sellaba diversos tratados político-económicos con otros Estados de la región. Todo ello, acompañado por la construcción de una potente armada, sentó las bases del denominado imperialismo cartaginés a partir del siglo V a.C., que acabaría entrando en colisión con el de Roma. En este aspecto, cabe señalar que los cartagineses rompieron con la tradición de las ciudades fenicias. Mientras que éstas se habían centrado en la fundación de colonias comerciales y no habían mostrado interés en controlar el territorio circundante, los cartagineses, siguiendo el modelo colonizador griego, pronto se propusieron extender su dominio sobre amplios territorios, de modo que la primigenia colonia se convirtió en una entidad urbana de carácter estatal.

Esta evolución fue posible gracias al tipo de sociedad mestiza que surgió en Cartago. Prácticamente desde los inicios de su historia, colonos e indígenas compartieron los mismos espacios urbanos y quizá también, transcurridas un par de generaciones, los espacios religiosos y funerarios. Es revelador, por ejemplo, que en las necrópolis de otros núcleos púnicos tunecinos, como Kerkouane, Korba o Sidi Salem, se encuentren epitafios con nombres tanto fenicios como líbicos, griegos o itálicos. Esa integración aseguró el control de Cartago sobre el territorio circundante, lo que fue clave para su posterior desarrollo. Ciudad y territorio se retroalimentaron para el bien común y todo ello fue, sin duda, reflejo del carácter abierto de unos ciudadanos que asumieron desde el origen que su principal riqueza radicaba en el mestizaje.

miércoles, 13 de junio de 2018

ABC:Un banquete arqueológico en Itálica


¿Sería posible recrear un banquete romano con comida rescatada del recetario de Apicius? ¿Y hacerlo en la Casa de los Pájaros de Itálica, junto a la sombra tutelar de la estatua de Adriano en las ruinas de Itálica? ¿Probar un vino histórico reconstruido científicamente? El conjunto monumental de Itálica ha acogido la primera edición de unas jornadas que nacen con vocación de permanencia y que pretenden investigar cómo se comía en tiempos romanos partiendo de antiguas recetas.

Junto a la Casa de los Pájaros, una de las domus principales de Itálica, se encontraba hace siglos el perfil colosal del Traianeum. Olía a jardines y olivares. Muy cerca pasaba el antiguo cauce del Guadalquivir de cuyo puerto partían barcos cargados de ánforas con vino, aceite y garum, esa particular salsa hecha con intestinos fermentados de pescado para conservar los alimentos.

El garum fue la estrella de un banquete recreado en clave científica y versionado para el consumo actual tras el trabajo de investigación del arqueólogo Manuel León Béjar y los jefes de cocina Antonio Bort, del restaurante Ispal, y Gonzalo Jurado, de Tradevo. Se probó lomo de atún con enogarum (garum con vino), paté allec de boquerones con patatas aliñadas y guiso de carrillera que en tiempos antiguos se elaboraba con ubres de cerda.
El director de Itálica, Fernando Panea, presentó este proyecto de arqueología experimental recordando la importancia histórica del lugar donde se celebró el banquete científico. Sólo faltó hacer libaciones adorando a los dioses lares.

La arqueóloga Rocío Durán Molina de la Universidad Pablo de Olavide se ocupó de la introducción histórica con una ponencia centrada en las costumbres gastronómicas de época romana. Explicó cómo se servían las viandas, los banquetes y la vida cotidiana en las tabernae (panaderías y despachos de comidas y bebidas calientes) y las thermopolias, como los bares actuales.

Rocío Molina mostró una fotografía impactante: un pan carbonizado de Herculano. Intacto, inmortal y congelado en el tiempo en el horror de la tragedia. Una hogaza en la que se aprecia aún el sello del panadero. La erupción del Vesubio llegó en el momento en que se horneaba. Junto a la Casa de los Pájaros están los restos de un horno de leña. No es difícil sugestionarse con el olor a hogaza de pan caliente, pan de harina candeal comido hace siglos.

Pero a lo que huele en la Casa de los Pájaros es a garum. Manuel León Béjar, que además de arqueólogo es investigador del grupo de Ingeniería y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Cádiz, explica cómo se han basado en las recetas del gastrónomo romano Apicius de su obra «De re coquinaria». «El garum se hacía tras una fermentación de las vísceras del pescado, algo que nos parecería nauseabundo, pero era alimento de lujo. Es la primera conserva líquida de la historia».

El lomo de atún con enogarum tiene un sorprendente sabor yodado. El chef Gonzalo Jurado describe el equilibrio de esta salsa de la antigüedad hecha con comino, cilantro, cebolla roja, miel, raíz de apio salvaje, pimienta y también vinagre de vino.

El aroma familiar quizás podría despertar a los antiguos habitantes de Itálica. Y sobre todo el vino que bebieron en tantas celebraciones de la vida. En este banquete arqueológico el primer vino se marida con atún y garum. Se llama Paladio, un vino de época bajoimperial que lleva el nombre del agrónomo romano y autor de una obra basada en la economía agrícola, personaje de la estirpe de Catón el Viejo, Columela y Plinio el viejo. Un vino ambarino con sabor a miel, jengibre, pomelo, mandarino, cáscara de nuez y laurel.

Luego llegará Mulsum, un vino fermentado con miel, y finalmente Antinoo, con aromas de violeta. Un caldo ambiguo como Antinoo, el amante de Adriano. Qué mejor lugar que Itálica para degustarlo.