viernes, 20 de marzo de 2015

El País:Pompeya resucita sus misterios


La buena noticia es doble. Lo es en primer lugar porque ya se puede visitar en su totalidad la Villa de los misterios, uno de los lugares más bellos del yacimiento arqueológico de Pompeya, la ciudad romana sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79, redescubierta en 1748 y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997. Y lo es también porque, por primera vez en mucho tiempo, Pompeya no da que hablar por su mal estado de conservación o por el saqueo constante de la Camorra, la mafia napolitana, sino por la conclusión de unos trabajos que han durado dos años y han logrado devolver la luz a los muros y pavimentos de las más de sus 70 salas.

Durante la presentación de la rehabilitación, el ministro italiano de Cultura, Dario Franceschini, se mostró exultante: “Hoy es un día verdaderamente importante para Pompeya. Italia restituye al mundo el esplendor, las maravillas de la Villa de los misterios. Si me preguntáis si ya hemos resuelto todo, os digo que no. Si por el contrario me preguntáis si estamos resolviendo las cosas, os diré que sí. Italia hoy ha pasado página en su relación con Pompeya”. La alegría del ministro, que lleva en el cargo los dos años escasos del Gobierno de Matteo Renzi, se explica en muchos meses de desesperación.

La historia reciente de Pompeya refleja en toda su crudeza la impotencia de Italia para conservar su inmenso —por no decir infinito— patrimonio arquitectónico. Al mal estado de conservación, agravado temporal tras temporal, había que unir los frecuentes robos, la mala administración, las huelgas del personal y la omnipresente sombra de la Camorra, cuyo combate por parte de las autoridades provocaba otro desastre añadido. Los numerosos filtros establecidos por la administración para evitar que las obras de restauración terminaran siendo adjudicadas a empresas controladas por el crimen provocaban un hecho insólito: Italia no era capaz de gastar en tiempo y forma —antes de diciembre de 2015— los 105 millones de euros destinado al Gran Proyecto Pompeya; de ellos, 27 proceden de las arcas italianas, pero la mayor parte tiene su origen en los Fondos para el Desarrollo Regional (Feder) de la Unión Europea (UE).

El ministro Franceschini empieza a estar convencido de que “la segunda destrucción de Pompeya” —así se le llamó al veloz deterioro de un espacio arqueológico que ocupa 66 hectáreas a las afueras de Nápoles— ya no se llegará a producir. Y que dos de los fantasmas que más le preocupaban han sido de momento espantados. Uno de ellos es la incapacidad de sacar provecho a los fondos. “A nuestras espaldas”, explicó, “tenemos un año extraordinario de trabajo. Hemos concluido tres obras, otras 13 están ya ejecutándose, nueve licitaciones están comenzando y hemos contratado a 85 personas. Además, el número de visitantes ha aumentado en 200.000 personas [en la actualidad recibe 2,3 millones de visitas anuales] y tenemos previstas muchísimas actividades que se enmarcarán en la Exposición Universal de Milán”. El segundo fantasma era la posibilidad, que en algunos momentos se sintió muy cercana, de que la Unesco retirara a Pompeya de la lista de los lugares Patrimonio de la Humanidad. “Los inspectores de la Unesco”, aseguró Franceschini, “han estado aquí unos días y al final nos han enviado un informe que en modo claro señala que no existe el riesgo de exclusión del sitio de Pompeya. El informe reconoce que hay mejoras tangibles en el estado de conservación y que Italia se ha esforzado mucho en adaptar las recomendaciones de la Unesco y que la gestión ha sido reorganizada”.

El acto de inauguración —el ministro llegó a cortar una cinta, lo que no deja de tener su aquel en un lugar con más de 2.000 años de antigüedad— hay que encuadrarlo en el intento del Gobierno de Matteo Renzi de llamar la atención hacia un país que, pese a todos los pesares, vuelve a funcionar. De hecho, la Villa de los misterios nunca ha estado cerrada al completo, y sus salas se iban abriendo al público conforme se terminaba la restauración. La villa, situada a las afueras de la ciudad principal de Pompeya, fue de las zonas que menos sufrieron el impacto de la erupción del Vesubio y por ellos sus frescos —que en algunos casos representan costumbres romanas ya desaparecidas y sobre las que los expertos no se ponen de acuerdo— resultaron poco dañados. En la villa de los Misterios están representadas las bodas de Dioniso y Ariadna.