domingo, 28 de enero de 2018

La Vanguardia:La competición o la vida


Los ganadores de cualquiera de las numerosas competiciones deportivas que se desarrollaban en Grecia no recibían medallas. Su recompensa era la fama. Pero no sólo eso: los deportes eran un buen negocio, en todos los sentidos. A menudo un estado (en el siglo VIII a.C. surgieron por el Mediterráneo cientos de polis, ciudades estado griegas) patrocinaba a un atleta y corría con los gastos de su entrenamiento, viajes, equipo, una inversión que compensaba si este obtenía una victoria, a mayor prestigio de sus paganos. Y a su vez el atleta era retribuido no sólo en su amor propio, sino con grandes privilegios, como alojamiento y manutención gratis y acceso libre a los teatros de por vida, además de contar con un nutrido grupo de admiradores.

¿Hablamos de la antigüedad o de ahora mismo? La exposición Agón! La competición en la antigua Grecia que puede verse en CaixaForum nos ilustra hasta qué punto nuestra tra­dición deportiva tiene un ADN bien localizable. Sí, fueron los romanos quienes dijeron lo de mens sana in corpore sano, pero se lo habían copiado a los griegos. Como ahora hacemos también nosotros, y no sólo con los Juegos Olímpicos, como puede verse en esta magnífica muestra que reúne 170 objetos procedentes del British Museum: entre ellos un fragmento del friso del Mausoleo de Halicarnaso, del 350 a.C., que nunca antes había salido de Londres, o el jarro que acompaña estas líneas, en el que un joven está a punto de coronarse. Siguiendo con las retribuciones más materiales que los laureles, el ganador de la carrera de bigas (carruajes) en las Panateneas, las competiciones de Atenas, recibía 140 ánforas de aceite de oliva, que comparados con fichajes como el de Coutinho hacen sonreír, pero en aquel tiempo valían lo suyo, igual que los recuerdos que podían encargar los atletas de Olimpia: con una victoria, una estatua, con tres, un retrato de sí mismo a cargo de un escultor de élite, Fidias o Mirón. Sin duda eran auténticas estrellas.

Atenas, Olimpia, Esparta... La rivalidad entre las ciudades tenía su pendant en la que existía entre sus ha­bitantes, reflejo, a su vez, de la que amenizaba la vida de sus dioses: enfrentados entre ellos para establecer la jerarquía de su autoridad, tiene nada de extrañar que los humanos los acabaran emulando y aspiraran a convertirse en héroes. Agón es el término que designaba esta rivalidad que se consideraba necesario y estimulante, no sólo en las actividades físicas, también en las intelectuales, música o teatro, y de apariencia, como los concursos de belleza, uno de los cuales, si hay que creer a Homero, dio lugar a la guerra de Troya.

Entrenados desde bien pequeños para ser competitivos, el deporte era una salida natural para tanta testosterona.También la guerra. Si de la política se puede decir que es la continuación de la guerra por otros medios, también se podría decir lo mismo del deporte, o al revés. Ambas actividades compartían representaciones y dioses, tal como se explica en el estupendo catálogo que acompaña a la exposición. La diosa de la victoria, Niké, era, se explica en el catálogo, una de las más representadas en las artes plásticas, unas veces para conmemorar un triunfo bélico, otras deportivo: se la suele caracterizar con alas o al frente de veloces carros, también en los frontones de los edificios, donde se la situaba posándose después de un vuelo.

Los hombres competían desnudos, de hecho se prohibió ropa en las competiciones deportivas para evitar accidentes, pero también para mostrar la perfección alcanzada con el ejercicio, de ahí el culto al cuerpo pero también su cuidado.Para protegerse la piel, los atletas se frotaban con aceite de oliva, y después del entrenamiento y de las competiciones se limpiaban con un estrígilo, un utensilio metálico con una hoja curva, con aceite de oliva, bálsamos perfumados y ungüentos. Los niños se iniciaban muy pronto en la educación deportiva, reservada, evidentemente, para los varones; una excepción es la figura de Atalanta, la primera atleta femenina de la mitología griega, quien se resarció venciendo en unos juegos fúnebres del hecho de haber sido abandonada por su padre, el rey Yaso, quien deseaba un varón...

Las competiciones eran parte tan fundamental en la vida griega que incluso formaban parte de los ritos funerarios. Los griegos consideraban que el deporte, y la competición en general, unía a los pueblos, pero también que su instrucción desde la infancia era una manera de inculcar a los pequeños la importancia de seguir las normas. Ya vemos que palabras como gimnasio, palestra o estadio no son lo único que nos han legado los helenos al respecto.