jueves, 23 de enero de 2020
Hallan en Armenia restos de un acueducto romano de casi 2000 años de antigüedad
Arqueólogos de Armenia y Alemania han hallado restos de un acueducto romano en la antigua ciudad armenia de Artashat construido presumiblemente entre los años 114 y 117 de nuestra era, obra única de su tipo en este país.
“Es un descubrimiento extraordinario, porque los acueductos en Oriente Medio son un fenómeno bastante poco frecuente y para la Armenia antigua se trata de un hallazgo absolutamente único”, ha afirmado el doctor Mkrtich Zardarián, experto del Instituto de Arqueología y Etnografía de la Academia de Ciencias de Armenia.
Según el investigador, que dirige el grupo de arqueólogos que trabaja en Artashat - ciudad descrita por fuentes antiguas griegas como Artaxata-, el descubrimiento es parte de un proyecto de larga data en cooperación con un equipo de la Universidad de Münster encabezado por Achim Lichtemberger. “Como resultado de estas investigaciones descubrimos junto a un nuevo barrio de la ciudad los restos de un acueducto, cerca de donde se encuentra el monasterio de Jor-Virap”, ha añadido.
Zardarián aseguró que se trata evidentemente de una construcción romana, ya que esta ciudad -entonces capital de Armenia- estuvo bajo dominio de Roma. Debido a que la presencia romana en Artashat fue breve, todo parece indicar que el acueducto no pasó de los cimientos. El acueducto, indica el arqueólogo, rodea la ciudad por el nordeste y luego va hacia el centro de la urbe.
“En la actualidad estudiamos no solo el acueducto sino también las fuentes de agua que podrían haberlo alimentado”, ha comentado. Por su parte, el académico armenio Pável Avetisián explicó -citado por la agencia ArmInfo- que se trataba de un total de veinte cimientos ubicados a lo largo de un kilómetro. Supone que el acueducto podría haberse abastecido de las aguas del río Garni.
Además del acueducto, los estudios geomagnéticos permitieron detectar los cimientos de varios palacetes, pero estos se encuentran en terrenos privados, por lo que en la actualidad se busca una autorización de los propietarios para iniciar las excavaciones.
Artashat, ubicada a 20 kilómetros al sur de Ereván, actual capital armenia, llegó a ocupar en su momento de esplendor 700 hectáreas, lo cual permite considerarla una de las pocas megalópolis de la historia antigua. Los romanos la consideraban la Cártago armenia, y no dudaron en destruirla cuando la tomaron las huestes de Trajano. Sin embargo, la ciudad todavía existió durante varios siglos y fue simplemente abandonada por sus habitantes en el siglo V de nuestra era.
miércoles, 22 de enero de 2020
Identificado en Elda el primer monasterio bizantino de la península Ibérica
Unos pequeños objetos circulares de plomo encontrados en el yacimiento de El Monastil, en la localidad alicantina de Elda, han resuelto un enigma que se arrastraba desde el siglo XIX. Los expertos de la Universidad de Alicante y del museo arqueológico de la localidad ya pueden afirmar que “el primer monasterio bizantino de la península Ibérica” ha sido identificado.
En el siglo VI, el emperador Justiniano estableció la obligación de guardar pesos del Estado en las iglesias principales de cada ciudad. Allí los comerciantes debían demostrar que los pesos que ellos utilizaban en las transacciones económicas se correspondían con los oficiales. “Las iglesias”, explica Antonio Manuel Poveda, profesor universitario de Historia Antigua y director de Museo Arqueológico de Elda, “funcionaban como garantes de que no se engañaba a los compradores de metales preciosos y que las monedas se correspondían con su valor real. Si las operaciones eran fraudulentas, el ingreso por impuestos era menor”. Y así el cenobio de El Monastil funcionó como sede administrativa y fiscal bizantina por orden del emperador.
La investigación ha durado casi 25 años “debido a las dificultades de identificación de los restos arquitectónicos y mobiliario litúrgico hallados”, explica Poveda. Se habían encontrado muchas pistas en este tiempo, pero nada era concluyente. Ahora los resultados de las últimas investigaciones sí lo son: lo que se había identificado como un yacimiento romano o visigodo en la parte más elevada de un cerro a las afueras de Elda, ha resultado ser una basílica bizantina, la primera desenterrada en España.
El primero que señaló la presencia de posibles restos del monasterio fue el archivero municipal Lamberto Amat en 1873, si bien no pudo datar su construcción. Hace 50 años, el Centro Excursionista Eldense encontró también gran cantidad de materiales arqueológicos, pero tampoco fue capaz de identificarlos. En los años ochenta, el arqueólogo Enrique Llobregat sí confirmó la “existencia de un monasterio cristiano” en la cima. Relacionó algunos fragmentos con “un altar sigmático [de estilo griego] de mármol”.
Ahora además del conjunto de pesos con inscripciones en griego, en las últimas excavaciones dirigidas por Antonio Manuel Poveda se ha hallado una gran basa octogonal de columna, típica de la arquitectura bizantina y única hasta la fecha en toda la Península. También un pyxide o cajita cilíndrica de marfil decorada con la escena de Hércules capturando a la cierva de Cerinea, donde se guardaban las obleas sagradas litúrgicas. La inclusión de esta imagen en la caja responde a los intentos de los bizantinos de fundir su ascendencia greco-oriental con el cristianismo occidental.
Conjunto único
En este centro religioso —la iglesia conventual ocupaba un área de unos 84 metros cuadrados— también se han hallado e identificado diversos instrumentos metálicos para el ritual litúrgico bizantino, como una cucharilla (coclear) y un diminuto cuchillito (lancia), ambos usados para manipular y ofertar las hostias sagradas antes y durante la comunión. Estos objetos “constituyen el único conjunto hispano identificado hasta la fecha como perteneciente al ritual cristiano bizantino en España”, detalla Poveda.
Además, se han documentado materiales cerámicos norteafricanos, orientales y locales, que ofrecen fechas de la segunda mitad del siglo VI, la misma cronología que tiene una pequeña necrópolis localizada a unos 200 metros cuando en 1991 se construía la vía de servicio de una autovía A-31. Entonces se desenterraron 10 tumbas con 16 cuerpos, cuatro de los cuales portaban anillos grabados con la letra sigma y uno de ellos con una cruz griega. “Teníamos muchos elementos sueltos, pero nada que nos confirmase con total seguridad que se trataba de un monasterio bizantino”, señala el profesor.
Poveda destaca que tras el descubrimiento de los pesos no hay dudas: se trata de una “iglesia bizantina perteneciente a un monasterio greco-oriental, con arquitectura y mobiliario de factura y naturaleza bizantina”. Todo esto convierte El Monastil en un yacimiento arqueológico único y “muy importante para ilustrar una fase excepcional y difícil de conocer en España”.
Poco antes de 610, los visigodos derrotaron a los bizantinos y crearon en El Monastil una sede episcopal (Elo) dependiente de Toledo a la espera de tomar la cercana Elche. Cuando cayó la ciudad ilicitana, ya no era necesario el obispado de Elo (Ella en la Edad Media, Elda en la actualidad). “Lo curioso”, bromea Poveda, “es que la Iglesia, como la nobleza, nunca elimina un título, por lo que por alguna parte debe de estar el obispo de Elo”, el asentamiento donde se alzó el primer monasterio bizantino de la Península. “Seguro que aún no lo sabe”, bromea encogiéndose de hombros.
martes, 21 de enero de 2020
Gala Placidia, un peón en el juego entre romanos y visigodos
Si desde nuestra perspectiva actual calificamos a la civilización romana como machista, o como poco patriarcal, no andaremos errados. Los descendientes de Rómulo nunca defendieron el concepto de que la mujer fuese igual al hombre en derechos y capacidades. Pero eso no quita para que, de vez en cuando, las fuentes clásicas presten especial atención a grandes figuras femeninas de su historia.
Cornelia, madre de los Graco, Livia, Agripina la Menor o Sabina son unos pocos ejemplos. En esta lista también encontramos a Gala Placidia, que, de haber nacido en otro tiempo y lugar, habría podido ser reina o emperatriz por derecho propio.
De hecho, hace más de una década, el Premio Nobel Dario Fo aseguraba, en La verdadera historia de Rávena, que la vida de nuestra protagonista era digna de un drama novelesco. Como tantos otros personajes de sangre principesca, Gala fue una ficha en el gran tablero de la diplomacia y el gobierno de las naciones.
La oscuridad de la púrpura
Nadie puede negar que el árbol genealógico de Aelia Gala Placidia era envidiable. Al igual que sus hermanastros Arcadio y Honorio, era hija de Teodosio el Grande (379-395), otro hispanorromano que, como Trajano más de dos siglos antes, había alcanzado el trono imperial. Pero en algo les superaba, pues su madre le había dado la sangre de la dinastía que había encumbrado a su progenitor: Valentiniano I era su abuelo, y Graciano y Valentiniano II, sus tíos.
En ella se unían las dos casas más poderosas del mundo romano, cosa que no pasaba con Arcadio y Honorio. De haber sido hombre, sin duda habría supuesto una seria amenaza política para ellos, pero como mujer solamente podía convertirse en transmisora de la legitimidad dinástica, sobre todo desde la muerte de Valentiniano II en 392. Por todo esto resultan decepcionantes las escasas fuentes que tenemos sobre ella y las parcas menciones que se le dedican.
Las lagunas son tan grandes que ni siquiera sabemos cuándo ni dónde nació. Suele barajarse que ocurrió entre 388 y 393, si bien las investigaciones más modernas prefieren situar su venida al mundo después de 390. El lugar tampoco está claro, siendo Tesalónica y sobre todo Constantinopla, la Nueva Roma, los sitios más probables. De muy pequeña, entre los años 393 y 394, tuvo que viajar a Milán, en ese momento corte imperial, con su hermano Honorio, mientras que Arcadio quedaba ya como augusto de Oriente.
La muerte de Teodosio poco después la dejó casi desamparada, y comenzó el intrigante juego en el que ella se vio sometida a los intereses de unos y otros. Su prima Flavia Serena, hija adoptiva de Teodosio y custodia de buena parte de su confianza, se convirtió en su tutora. Mujer de notable inteligencia, se había desposado con Flavio Estilicón, un germano que podía presumir de ser uno de los hombres más poderosos del Imperio. Los esposos, si hacemos caso de las fuentes, intrigaron para que su descendencia ciñera la corona mediante una política matrimonial.
Honorio, ya emperador, contrajo nupcias con su hija María, primero, y a su muerte con Termancia, de la que se divorció. De haber fructificado este incesto (ambas eran sobrinas de Honorio), habría colocado a la prole del germano en el trono. Para asegurarse, según el poeta Claudiano, prometieron a su hijo Euquerio con Gala Placidia. Así comenzaba a servir como moneda de cambio en las complejas y retorcidas relaciones de Estado.
No obstante, Estilicón fue ejecutado bajo la acusación de traición en 408, y su esposa y Euquerio no tardaron en seguirle. Gala, libre del compromiso, se retiró a Roma, pero su tranquilidad duró muy poco. Dos años después, en una de las fechas más fatídicas de la historia romana, los visigodos de Alarico sitiaron la urbe.
Finalmente fue tomada, hecho catastrófico del que se buscaron culpables. Serena se convirtió en cabeza de turco, y acabó condenada a muerte. Lo curioso es que el historiador Zósimo asegura que fue una decisión tomada por el Senado y Gala Placidia, como si esta tuviera tanta dignidad como la venerable institución.
Los invasores no se contentaron con riquezas. Apresaron a nuestra protagonista, según el relato de Paulo Orosio. Pero es lógico pensar, como refiere Zósimo, que no recibió un trato inhumano. Su sangre era demasiado valiosa, más que por un rescate, por la posibilidad de emparentar con la familia imperial.
Honorio estaba a salvo en Rávena, más pequeña y mejor defendida que Roma, pero carecía de fuerzas para expulsar a los godos y rescatar a su hermana. Además de Orosio, Olimpiodoro, Jordanes e Hidacio aseguran que Ataúlfo se unió a Gala en matrimonio, convirtiéndola en reina de los visigodos.
En Barcino (la actual Barcelona), ella dio a luz a un hijo bautizado como Teodosio que, de no ser por su prematura muerte, habría sido otro aspirante al trono, uniendo las raíces latinas con las germanas. A este dolor, la reina romana de los visigodos tuvo que sumar el de la viudedad en 415. Se iniciaba un calvario del que no le protegería su linaje imperial.
Un tal Sigerico tomó el poder visigodo matando a sus opositores y degradó a Gala Placidia, haciéndola caminar de pie delante de su caballo durante varios días, hasta que la diplomacia de su hermano Honorio le permitió recuperar su libertad.
Pero en la corte imperial le esperaba otro matrimonio político con Flavio Constancio, militar renombrado y puntal de las fuerzas romanas, que sería proclamado coemperador junto a Constancio III en 421.
Fallecido en el mismo año, pudo darle a Gala dos hijos: Honoria y Valentiniano. Este último se erigió en el más claro heredero al trono de Occidente, ante la falta de descendencia de Honorio. Quizá para asegurar la posición de su retoño, Gala se mostró amable y diplomática con su hermano, aunque las fuentes recogen el rumor de que se entregaban a relaciones incestuosas.
Posiblemente, las intrigas de algunos cortesanos provocaron una ruptura entre ella y Honorio, que la expulsó de la corte de Rávena. Refugiada en Roma, pero falta de apoyos, fue desterrada de Italia en 423, por lo que encaminó sus pasos a Constantinopla, acompañada por sus hijos.
En la capital de la parte oriental del Imperio se puso bajo la protección de su sobrino Teodosio II, del que consiguió que reconociera como césar a su hijo Valentiniano, apenas un niño, en Tesalónica.
Este título, desde los días de Diocleciano (ss. III-IV), podía traducirse como una especie de emperador “júnior”, solamente superado por la autoridad de los augustos. También obtuvo la ayuda la militar necesaria para acabar con el usurpador Juan (423-425) y conseguir la corona de augusto para Valentiniano, entrando victoriosa en la misma Italia de la que había sido expulsada.
Por la juventud del nuevo emperador, Gala ocupó el puesto de regente durante más de una década, hasta 437, en parte apoyada por el militar Flavio Aecio, aunque Procopio de Cesarea habla de enfrentamientos entre ambos. La mayoría de edad de su hijo y su matrimonio con Eudoxia –hija de Teodosio II–, cuyo carácter chocó con el suyo, comenzaron a relegarla de la corte de Rávena, y perdió paulatinamente autoridad.
Falleció en Roma en torno al 27 de noviembre de 450, según Hidacio. En esos momentos, por mediación de Honoria, el célebre Atila, rey de los hunos, entraba en el Imperio, dejando una estela de sangre y fuego. Valentiniano no le sobrevivió mucho: fue asesinado en 455. Era el fin de los gobernantes de la casa de Teodosio el Grande.
También, durante mucho tiempo, se diluía la huella de Gala Placidia de las páginas de la historia, hasta verse reivindicada por los estudios modernos.
lunes, 20 de enero de 2020
ABC:Una inscripción hebrea de hace 2.800 años revela un antiguo nombre bíblico
Un equipo de arqueólogos ha encontrado en el yacimiento israelí de Abel Beth Maacah una jarra de 2.800 años con la inscripción en hebreo «lBenayo», que significa «De Benayo», un nombre típico de la antigua tradición yahvista (formada por aquellos que designan a Dios con el nombre Yahvé, a partir de ella se escribieron varios relatos del Génesis y el Éxodo).
Robert Mullins, profesor en el Departamento de Estudios Bíblicos y Religiosos de la Universidad Azusa Pacific en California que está al frente de los trabajos, ha explicado a Live Science que los nombres yahvistas son aquellos que incorporan parte de las letras de Yahvé y que los que procedían del norte de la región solían terminar en las letras hebreas que pueden traducirse como «yo» o «yau».
El equipo no reparó en la inscripción en un primer momento, pero, al enviarlo a restaurar, se detectaron rastros débiles de tinta. El hallazgo fue descrifrado gracias a las imágenes multiespectrales que se llevaron a cabo en el laboratorio del Museo de Israel que estudia los Rollos del Mar Muerto.
La jarra fue encontrada en el interior de una habitación que ha sido excavada solo en parte. Junto a ella había otros recipientes similares. Uno de ellos parece contener restos de vino, por lo que una de las hipótesis es que todos ellos lo contengan y que Benayo fuera un viticultor, un oficio muy ligado a la región.
Con el hallazgo se ha vuelto a reabrir el gran debate entre los arqueólogos sobre si Abel Beth Maacah, que se menciona en la Biblia hebrea en varias ocasiones, estuvo bajo el control de Israel, los fenicios, los arameos o si fue independiente durante los siglos X y IX a. C.
viernes, 17 de enero de 2020
El País:La megasequía de 60 años que venció a todo un imperio
En una tablilla de arcilla de hace 2.700 años, el astrólogo y sacerdote Akkulanu escribía al rey asirio Asurbanipal sobre los años de sequía que venían sufriendo: "En cuanto a las escasas lluvias de este año y que no hubiera cosecha, es un buen augurio para la vida y bienestar del rey mi señor". Pero la sequía acabó durando 60 años y fue decisiva para que la ciudad de Nínive y con ella todo el Imperio neoasirio colapsaran en el 612 antes de esta era. Y no fue la primera gran civilización que cayó ante los vaivenes del clima, ni la última.
"La megasequía afectó al núcleo del Imperio neoasirio, en lo que hoy es el norte de Irak y Siria", dice el investigador de la Universidad Estatal de California (EE UU) Ashish Sinha. Las sequías actuales de varios años en esta región, como las de 1999-2001 o 2007-2010, ofrecen una visión de lo que pudo ser la neoasiria de mediados del siglo VII a.C. La suya era una agricultura cerealista de secano y no disponía de la irrigación artificial de las ciudades del sur levantadas entre los ríos Tigris y Éufrates. "Debieron de sucederse frecuentes malas cosechas y masivas muertes de ganado, como las sucedidas en 2007-2010. La falta de cosechas durante la megasequía debió de exacerbar la inestabilidad política en Asiria, alimentando tensiones preexistentes dentro de la sociedad neoasiria y entre los neoasirios y los pueblos sojuzgados, como babilonios y medos", explica Sinha, principal autor de un estudio que vincula la gran sequía con la caída del Imperio neoasirio. Fue precisamente una alianza entre babilonios y medos la que terminó por arrasar la mítica Nínive, actual Mosul.
La conexión entre clima y política la hallaron en estalagmitas de una cueva del norte de Irak. Las formaciones, de hecho, funcionan como estaciones meteorológicas naturales, capaces de registrar las lluvias y la humedad ambiental de los últimos 4.000 años. Esta información no estaba disponible años atrás, así que la historiografía convencional dejaba a un lado el factor climático. Hasta 2014 no se planteó que pudo tener un papel destacado.
"Pero no teníamos datos paleoclimáticos del propio Irak de aquel tiempo, por eso este estudio es tan importante, ya que ofrece la primera evidencia de que, en efecto, hubo una gran sequía durante el periodo de declive del Imperio neoasirio", comenta en un correo el paleoclimatólogo de la Universidad de Colorado en Boulder (EE UU) Adam Schneider, especializado en encontrar conexiones entre el clima y el ascenso y caída de las civilizaciones antiguas y el primero en conectar la sequía con el destino del Imperio neoasirio.
Más al sur de Nínive y dos milenios antes, floreció en la baja Mesopotamia el Imperio acadio, iniciado por Sargón I de Acad. Ahora, un análisis de corales fosilizados en el actual golfo Pérsico muestra que hace 4.100 años el patrón de los vientos cambió y el temido shamal, el viento del norte, se hizo tan persistente que las tormentas de arena y la falta de lluvias debieron de arruinar las cosechas año tras año.
También fue un cambio en el ciclo del monzón lo que pudo empujar a los habitantes de Harappa (en el actual Punjab) y otras ciudades de la cultura del valle del Indo a abandonarlas y refugiarse en las laderas de las montañas. Y cada vez hay más evidencias de que la sequía tuvo mucho que ver en el colapso de la civilización maya.
"La historia de la sequía que afectó al Imperio neoasirio es solo uno de los muchos ejemplos en los que las sequías o megasequías han contribuido al colapso de civilizaciones o imperios agrarios bien conocidos", comenta el profesor de la Universidad de Michigan Jonathan Overpeck. "En ocasiones, las antiguas sequías fueron uno de los factores que llevaron al colapso y por eso son una lección importante para el futuro. Muchas regiones del planeta, incluyendo el suroeste de América del Norte, Australia, el sur de África, la región mediterránea u Oriente Próximo se están volviendo poco a poco más áridas debido al cambio climático antropogénico y serán aún más áridas si seguimos emitiendo gases de efecto invernadero a la atmósfera", añade este premio Nobel como miembro del grupo de científicos autores de varios informes del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, IPCC.
En el reverso de la moneda climática, el del frío, recientes investigaciones señalan que una miniedad de hielo entre los siglos V y VII, en la que la temperatura media bajó en cuatro grados, impactó en el curso de la historia al inicio de la Edad Media. El clima, en este caso el enfriamiento global, tuvo mucho que ver incluso con el fin del Imperio romano. Al menos esa es la tesis que mantiene el científico e historiador Kyle Harper en su obra El fatal destino de Roma (Editorial Crítica), publicada este año.
"Cada día aprendemos algo nuevo sobre el paleoclima, cómo cambió y cómo impactó en sociedades humanas como la del Imperio romano", cuenta Harper. "En general, las temperaturas cálidas, húmedas y estables tienden a favorecer la productividad agraria, que era la base de la economía en la Antigüedad. En contraste, el frío y las sequías, la inestabilidad térmica, tienen un impacto negativo en la agricultura", explica.
Hay otro elemento muy relacionado con los vaivenes climáticos y es la propagación de enfermedades. "Ahora empezamos a comprender lo complicados que son los sistemas naturales. Uno de los mayores impactos del cambio climático [en tiempos de Roma] fue su influencia en la esfera de los patógenos. Se produjeron, muy probablemente, fuertes conexiones entre cambio climático, por un lado, y enfermedades epidémicas, por el otro", sostiene Harper.
Pero ¿pueden unas tormentas de arena o una sequía de 60 años acabar con una civilización no agraria y tan tecnológica como la actual? "Claro que hoy somos más conscientes de las posibles amenazas que en el pasado. Pero también estamos mucho más interconectados", recuerda Troy Sternberg, de la Escuela de Geografía y Medioambiente de la Universidad de Oxford. Sternberg publicó en 2012 un estudio que vincula la sequía en una de las principales zonas cerealistas de China en el invierno de 2011 con la Primavera Árabe. Los chinos tuvieron que comprar el trigo fuera y su demanda elevó los precios hasta el punto de que otros muchos países, como Egipto, no pudieron pagarlos.
"En nuestra economía, altamente globalizada, podríamos ver en las próximas décadas que una sequía en una parte del mundo tiene un impacto en sociedades del resto del planeta que no estén sufriéndola directamente", recuerda Adam Schneider, el primero que conectó la megasequía con la caída del Imperio de Asurbanipal.
miércoles, 15 de enero de 2020
ABC:Ni pobre, ni feo, ni humilde, ni pacifista: la biografía que desmonta los grandes tópicos sobre Sócrates
La vida de Sócrates empieza por su muerte y avanza hacia atrás, como una nécora que se va restando años. Al menos así sucede en el caprichoso imaginario colectivo, donde el filósofo se conoce siempre a través de su episodio con la cicuta. Luego, si acaso, se bucea en su filosofía, que desarrolló durante su madurez, pero nunca, o casi nunca, se llega a sus orígenes. Tampoco en el mundillo académico. Nada extraño si tenemos en cuenta que casi todo lo que sabemos de él nos ha llegado a través de Platón y Jenofonte, que eran mucho más jóvenes y lo trataron principalmente en su última década, cuando ya era viejo y feo. Así que al final, por resumir, no tenemos ni idea de cómo un hombre supuestamente de un estrato social más bien bajo («del más bajo de lo más bajo», escribió Nietzsche) llegó a convertirse en el pensador más importante de la Antigüedad.
En ese gran vacío histórico se sitúa «Sócrates enamorado» (Ariel), el nuevo libro de Armand D’Angour, profesor de Estudios Clásicos en Oxford, una suerte de biografía que, tirando del cruce de testimonios y de sus relaciones amistosas y eróticas, explora los detalles menos conocidos de este ilustre griego y derriba algunos tópicos que han acompañado su figura hasta nuestros días. Para empezar, D’Angour sostiene que este no era de una condición tan humilde como la que asumimos, sino que era el hijo de un «empresario» de la cantería y la mampostería relativamente rico y que creció en un entorno de la élite ateniense. Y al contrario de lo que se ha dicho, se educó con algunos de los «mejores profesores del momento», y su aspiración inicial era hacerse célebre en el campo de batalla por su heroísmo. No fue pacifista ni objetor de conciencia, y participó en varias batallas a lo largo de su existencia, en las que mostró una notable habilidad para el combate. Y sí: fue un joven atractivo que tuvo una vida sentimental bastante agitada y entretenida.
«Algunas estatuas del Sócrates de mediana edad lo muestran bastante guapo. Puede que siempre haya tenido rasgos muy marcados, como la nariz chata y los labios gruesos, pero uno puede tenerlos de joven sin ser “feo”, como el actor Rami Malek, tal vez», explica el investigador a ABC. La imagen de ese hombre poco agraciado, por ser generosos, proviene de «El banquete», de Platón, donde Alcibíades lo retrata como un sátiro y establece, así, el canon. La cuestión parece baladí, pero la belleza era una cuestión central en Grecia. Sin ella, quizás, no podría entenderse el relativo éxito amoroso y social de Sócrates, al que D’Angour da una importancia clave para entender su existencia y pensamiento. Y es que esta es, como sugiere el título del libro, la historia de un joven enamoradizo que terminó casándose con la sabiduría.
Antes de eso, Sócrates conoció el amor carnal y espiritual, masculino y femenino. En su historia hubo una mujer fundamental, que no fue Mirto, su primera esposa, ni Jantipo, la segunda, con las que tuvo un número variable de hijos, según las fuentes. No. Esta se llamaba Aspasia de Mileto, una maestra de la retórica y del amor que encandiló al mismísimo Pericles con su belleza y su intelecto, y que fue odiada y criticada con saña por su posición privilegiada y su influencia en el gobierno de la Atenas dorada. ¿Y por qué fue tan importante para el filósofo? Porque él, que presumía de su ignorancia, de ese «solo sé que no sé nada», afirmó, de acuerdo con «El banquete», conocer «la verdad de Eros». Ese conocimiento excepcional se lo atribuyó a una mujer concreta, que en el texto de Platón recibe el nombre de Diotima, pero que en realidad era otra, tal y como defiende D’Angour. Esta otra, claro, era Aspasia, a la que conoció con apenas veinte años.
«Creo que Aspasia jugó un papel importante en sus primeros años de vida. Y que Platón sabía que su “Diotima” ficticia se basaba en la Aspasia real. De ser así, al menos algunos aspectos de la doctrina de Diotima en “El banquete” podrían haberse basado en lo que Aspasia realmente enseñó, como la noción de que el amor debe considerarse como una escalera que va desde la pasión sexual individual a algo más elevado, ya sea el amor a la ciudad a la que uno pertenece o a las ideas», asegura el investigador. No debemos olvidarlo, insiste: la filosofía nunca fue otra cosa que el amor a la sabiduría.
Puede que él se enamorase de Aspasia, pero eso es algo que no podemos saber. Sea como fuere, la vida no le dio muchas oportunidades con ella. Poco después de cumplir veintitrés años, en el 447 a. C., tuvo que incorporarse a filas para la campaña de Beocia, en una misión capitaneada por Tólmides. Ahí conoce la guerra, con la que tendrá muchas más citas. En esas campañas muchos se sorprenden, además de por su resistencia física al frío y a la fatiga, por las muchas horas que pasa mirando al horizonte, en aparente estado de trance. Algunos estudios médicos de épocas recientes sugieren que podría padecer catalepsia, pero entonces el adjetivo que usaban para describirlo era «atopos», que significa «excéntrico» o «nada convencional».
Sócrates abandona poco a poco la idea de ser un héroe y se va entregando al cultivo del saber. Se casa con Mirto, pero luego se enamora perdidamente del bello Alcibíades, al que rescata de una muerte segura en la batalla de Potidea, una gesta por la que no pide ninguna condecoración. Ya entonces se sabía filósofo más que nada, aunque su experiencia bélica le marcó. «Sócrates demuestra un conocimiento íntimo de lo que significa ser un soldado en activo. Está claro que él hizo uso de sus experiencias personales para tratar de comprender la naturaleza del coraje y otros asuntos», subraya D’Angour. De hecho, insiste, su principal preocupación fue pensar y repensar cómo vivir la vida humana y definir sus conceptos clave, como el amor: así lo afirmó Aristóteles, remedando a Platón. En este sentido, la reconstrucción de su biografía, aunque llena de suposiciones y espacios en blanco, arroja luz sobre su filosofía, pues él también habló a través de sus actos.
En el 399 a.C., Sócrates fue condenado a muerte por sus ideas en contra de los dioses ancestrales y por corromper a los jóvenes atenienses. En la última página de «Sócrates enamorado», D’Angour escribe: «Lo que no puede negarse es que al morir cumple todas las aspiraciones del joven Sócrates, que puso todo su afán en convertirse en héroe y quiso aprender toda la verdad del amor. Porque al final fue por amor al conocimiento y la justicia por lo que murió Sócrates, un ejemplo moral e intelectual para la posteridad y el primer, y más grande, héroe que tuvo la filosofía». Pero más que morir, Sócrates se inmortalizó: por eso no dejamos de contar su historia empezando por el final.
martes, 14 de enero de 2020
La Vanguardia:El trabajo más peligroso de la historia era ser... emperador romano
Lujo, dinero, poder, libertinaje... ¿Quién no querría ser emperador en la Antigua Roma? No se hagan ilusiones, el cargo ya no está (obviamente) vacante. Y, aunque lo estuviera, les aconsejaríamos que desistieran de perseguir esas aspiraciones. No porque no sean capaces de llevar a cabo la tarea, sino porque resulta que este era el trabajo más peligroso de la historia.
De los 69 gobernantes del Imperio Romano unificado, entre César Augusto (que gobernó desde el año 27 a.C. hasta su muerte, en el 14 d. C.) y Teodosio (que falleció en el 13 de enero del 395 después de Cristo), el 62% sufrió una muerte violenta, según detalla el profesor Joseph Homer Saleh, del Georgia Institute of Technology, en un estudio publicado en la revista Palgrave Communications .
Los datos que proporciona este especialista en análisis de riesgo de Georgia Tech confirman que era más probable que un gladiador sobreviviera a un combate a que el emperador evitara finalizar su trayectoria en el trono con una muerte violenta. Incluso es más seguro querer subir actualmente el Himalaya, donde los escaladores que alcanzan más de 8000 metros tienen un riesgo de muerte de alrededor del 4%.
Esta información no es lo que digamos una novedad. Se sabía que la probabilidad de muerte violenta para un emperador era alta desde que Edward Gibbon publicó su primer volumen del declive y caída del imperio romano (1776). Pero el detalle en el que ha incidido Saleh, y que hasta ahora nadie había examinado, sí resulta sorprendente. Lo que ha detallado este ingeniero es el tiempo que pasó desde que esos gobernantes fueron coronados hasta llegar a su aparentemente azaroso fallecimiento.
Los resultados muestran que los emperadores enfrentaron un riesgo significativamente alto de muerte violenta en el primer año de su reinado, lo que indica que “experimentaron una forma de mortalidad infantil”. Y el riesgo aumentó aún más después de 12 años en el cargo, mostrando incluso algún de estructura subyacente a la aleatoriedad.
“Las probabilidades de supervivencia para un emperador romano eran más o menos equivalentes a jugar a la ruleta rusa con un revólver de seis cámaras, en el que el participante coloca no una sino hasta cuatro balas en el cilindro”, escribe el autor del estudio.
Entrando en un análisis más pormenorizado, Saleh descubrió que dos tercios de todos los emperadores romanos murieron violentamente en el primer año de su gobierno. De los que sobrevivieron al menos siete años, muchos pudieron retener sus tronos durante cinco años más, dando a entender que había un “tiempo de falla” que afectaba al sistema.
”Un motor fundamental del espectáculo del regicidio no era de naturaleza estructural, ni estaba vinculado a las legiones o al imperfecto sistema de gobierno del imperio, sino que era intrínseco a los propios actores”, escribe Saleh. “Las motivaciones y ambiciones individuales junto con los factores sociales, políticos y militares llevaron a las muertes violentas de los emperadores”, añade.
Mientras los gladiadores ofrecían espectáculo desde la arena, los gobernantes del Imperio Romano protagonizaban un papel similar “antes de ser despedidos del escenario”, relata el investigador. “(Los emperadores) eran devotos de la ambición en el escenario de una de las aventuras más importantes de la historia humana” como era la Antigua Roma, concluye.
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