lunes, 10 de junio de 2019

ABC:Así es «La Pompeya española», la villa más lujosa de la Hispania romana descubierta en Cuenca


El yacimiento arqueológico de la villa romana de Noheda, en Villar de Domingo García (Cuenca), es uno de los grandes tesoros arqueológicos de todo el occidente del Mediterráneo, una muestra de la ostentación de una nueva élite romana con exclusivos mosaicos y esculturas. O sea, puro lujo de una aristocracia de la que todavía no sabemos el nombre por el momento. Y que nos confirman a ABC, desde la Junta de Castilla-La Mancha, que tienen intención de abrir este impresionante lugar al público antes de que acabe el verano.

El enclave está compuesto por restos de inmuebles y se han documentado varias habitaciones de lo que sería parte del edificio suntuario del complejo rural tardorromano (desde finales del siglo III hasta finales del V d.C). En los últimos años hay que destacar los hallazgos del peristilo y un gran salón, de 750 metros cuadrados, que «no tiene parangón» por el momento en el mundo romano, según lo indicó en su día el arqueólogo responsable de las excavaciones, Miguel Ángel Valero.

Así, como pueden ver a través del vídeo en el encabezado, viajamos al siglo IV para descubrir también el mayor mosaico figurativo del mundo. Un mosaico formado por millones de teselas que no deja de sorprender a los arqueólogos que trabajan en este yacimiento. Los 216 vecinos de este pueblo celebran este hallazgo arqueológico que podría ser solo una pequeña parte del yacimiento, se estima que solo se conoce el 5%.

Esta auténtica joya podría suponer un impulso para esta zona de la alcarria conquense, una maravilla del arte romano que empieza a ver la luz después de 17 siglos. Hay que recordar que su descubrimiento fue producto del azar en 1984 durante unas labores de labranza.

La villa tardorromana, según los arqueólogos, perteneció a la élite aristocrática y es un ejercicio de autorepresentación del poder del «dominus», esta clase dirigente, y en donde destaca su mosaico figurativo, como ya hemos comentado, que tiene más de 200 metros cuadrados. Todo el espacio del mosaico está profusamente lleno de figuras, que destacan por su tamaño a escala casi natural y que no están combinadas con otros elementos decorativos, ya que los elementos decorativos vegetales o geométricos forman espacios diferenciados.

En 2011, el Consejo de Gobierno de Castilla-La Mancha acordó declarar Bien de Interés Cultural (BIC) al yacimiento de la villa romana de Noheda por su calidad artística, por la abundancia y profusión de sus figuras y por su iconografía.

sábado, 8 de junio de 2019

National Geographic:Así se vería el Mausoleo de Halicarnaso en la actualidad


Junto con el faro de Alejandría, el Mausoleo de Halicarnaso es una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que, a pesar de haber desaparecido con el tiempo, fue más duradera, y por ello una de las que mejor se conoce en la actualidad. Sin embargo, tras resistir continuas invasiones, el Mausoleo sucumbió en el siglo XIV, cuando fue derribado con un terremoto.

La actual ciudad de Bodrum, en la costa oeste de Turquía, fue el lugar escogido por el poderoso rey Mausolo para erigir un monumento funerario que albergaría sus restos y los de su esposa y haría perdurar su fama por toda la historia. Fue precisamente su esposa Artemisia –ya viuda– la responsable de llevar a cabo el proyecto, unas obras que transformarían en una realidad los arquitectos Sátiro y Piteo. Tras 20 años de trabajos, el Mausoleo se terminó en el 350 a.C.

La ubicación para esta suntuosa construcción fue la colina más alta de la ciudad de Halicarnaso. Así, sobre una base cuadrada se erigió un segundo nivel decorado con esculturas de dioses y rematado con un friso cuyos relieves remiten a la Centauromaquia y la Amazonomaquia griegas. Coronando el techo del edificio, se colocó una cuadriga conducida por Mausolo y Artemisia.

Desde NeoMam Studios y Budget Direct presentado varias reconstrucciones digitales, en este caso de cómo sería el Mausoleo de Halicarnaso si hubiera mantenido en pie hasta nuestros días

viernes, 7 de junio de 2019

ABC:La verdadera batalla en la que los feroces espartanos aplastaron a los persas tras el desastre de Termópilas


Cuando Leónidas, uno de los dos reyes de Esparta en ese momento (se trataba de una monarquía dual hereditaria), presentó batalla a las tropas persas de Jerjes en el desfiladero de las Termópilas nolo hizo pensando que su sacrificio sería un ejemplo para el resto de Grecia o porque no tuviera otras opciones. Sus 300 espartanos, acompañados de sus esclavos ilotas, y de más de 5.000 aliados, frenaron durante tres días a 80.000 soldados persas en lo que fue un plan meditado y consensuado por la Liga Helénica. Caer tan pronto se consideró, como comentan los los propios helenos en sus textos, un fracaso y una derrota demasiado rápida e inesperada.

Algo parecido ocurrió con la batalla naval de Artemisio, donde la resistencia griega contra los persas apenas duró tres días, aunque en este caso los bajeles de Jerjes perdieron cientos de barcos. El poeta tebano Píndaro comentó que en Artemisio fue «donde los hijos de Atenas colocaron la primera piedra de la libertad» y no con el sacrificio de los 300. Ambos sucesos, en cualquier caso, fueron reveses que dejaron a los persas más cerca de conquistar Grecia.

Al día siguiente de las Termópilas, la Grecia central quedó a merced de los persas. El plan de la Liga Helénica había fracasado casi antes de empezar, por lo que los helenos procedieron a evacuar Ática y Beocia, que fueron arrasadas. Un ejército griego se concentró en el istmo de Corinto bajo el mando del hermano de Leónidas, Cleómbroto, y empezaron a construir un muro fortificado para contener al enemigo en su avance. El fracaso de Leónidas obligaba a asumir decisiones drásticas y a mirar al mar como única esperanza.

Allí, la flota de Artemisia se apostó en Salamina, donde tendría lugar el primer encuentro decisivo de la guerra. La derrota naval en Salamina (en el año 480 a. C.), sobre todo propiciada por los atenienses, supuso el principio del fin de la invasión persa. Jerjes se tuvo que retirar hacia Asia junto con gran parte de su ejército, pero dejó a su general Mardonio, importante noble de su corte, y a sus mejores tropas para intentar completar la conquista de Grecia. Entre ellos, los inmortales, cuya ventaja era que todos eran persas y gozaban de una posición estable en el aparato imperial, si bien estaban peor equipados y entrenados que sus equivalentes griegos.

En la encrucijada de Mardonio es donde comenzó, y no antes, la auténtica venganza espartana por lo ocurrido en las Termópilas.


La batalla de Platea

Las festividades religiosas impidieron que otros griegos se unieran a Leónidas en su estrategia de las Termópilas. La celebración del festival dórico de las Carneas, que tenían lugar tras el solsticio de verano, impedía a los hoplitas acudir a la guerra en esas fechas. Asimismo, los Juegos Olímpicos Panhelénicos, que se celebraban cada cuatro años al final del verano, también entorpecieron los intentos de la Liga Helénica de reunir un número mayor de efectivos. La competición atlética tenía un componente religioso que dejaba en segundo plano las operaciones militares. Incluso cuando los persas incendiaron Atenas, los juegos seguían celebrándose en Olimpia como si nada.

Una vez pasadas estas fechas, los espartanos y otras ciudades sí estaban en disposición de presentar batalla al general Mardonio con algo más que 300 efectivos, pero como era habitual en esta región del mundo las desavenencias entre los propios griegos permitieron al Imperio persa coger aire de nuevo. Tras la batalla de Salamina, Mardonio y su ejército persa volvieron a capturar Atenas y luego se desplazaron impunemente por la región de Tesalia, donde pasaron el invierno. Consciente de las fracturas crecientes entre los aliados griegos, Mardonio intentó ganarse el apoyo de Atenas usando, sin éxito, como mediador al Rey Alejandro I de Macedonia.

Bajo liderazgo espartano, los helenos estaban convencidos de que una victoria terrestre podía, al fin, expulsar a los asiáticos al otro lado del mar. Mardonio trató de evitar el choque con un repliegue hacia el norte. En la llanura de Platea, en la ribera del río Asopo, ordenó la construcción de una empalizada, donde acampó a sus 70.000 hombres (Heródoto habla de 300.000, lo que parece exagerado), y dio órdenes a su caballería para que atrajera a los aliados hacia la llanura a modo de emboscada. No en vano, el general persa no contaba con que el ejército aliado de aquel día iba a ser el más numeroso reunido jamás en un campo de batalla griego.

Se estima que la Liga Helénica logró congregar a cerca de 40.000 hombres, que estaba dividido por contingentes y obedecían a su propio líder militar. Los atenienses, dirigidos por Arístides, estratego y arconte de Atenas, enviaron a unos 8.000 de estos hombres, mientras que Esparta destinó a Platea a 5.000 hombres a las órdenes de Pausanias, Rey regente de Esparta, a lo que se sumarían también los ilotas al servicio de cada uno. Este mismo personaje era el general en jefe de todas las fuerzas terrestres. El resto de hoplitas que participaron en la batalla provenían de una veintena de ciudades, como la propia Platea, Corinto, Megara, Sición, Tegea, Epidauro, Arcadia.

Los hoplitas eran ciudadanos propietarios de pequeños terrenos agrícolas que, de cara a defender su ciudad, se compraban su propia armadura (grebas de bronce, yelmo, un escudo cóncavo, coraza, jabalina de punta doble y una espada como arma secundaria) y acudían al frente. Su formación en falange permitía que la unión de todos ellos fuera una perfecta arma para la guerra: las apretadas filas establecían un muro de escudos altos y las lanzas salientes de las tres primeras filas los hacían imbatibles frente a la caballería enemiga. El código agrario desaconsejaba las gestas individuales fuera de las filas de la falange y las unidades de arqueros no eran habituales.

A diferencia del resto de hoplitas, los espartanos eran soldados profesionales a tiempo parcial en su ciudad estado, cuyo territorio se beneficiaba del aislamiento que le daban las montañas. Recibía desde su niñez un entrenamiento extremo, que rozaba por momentos la crueldad. En ningún otro punto de Grecia se podían permitir un nivel de profesional tan alto en la milicia. Herodoto los describía como maestros del pasado en el arte de la guerra, mientras que otro autor clásico, Jenofonte, los admiraba como los «únicos y verdaderos artistas en materia de guerra».


El choque de Occidente y Oriente

A la vista de los persas, Pausanias detuvo a sus huestes en las laderas del monte Citerón. Tras una serie de escaramuzas iniciales favorables a los griegos, Pausanias desplazó el ejército griego a la llanura de Platea. Separados únicamente por el río Asopo, Mardonio usó a la caballería persa para atraer a los hoplitas a su particular trampa. Y, sí, la lluvia de jabalinas causó estragos a las tropas griegas, pero lentamentes estos fueron cercando a los persas hacia donde Pausanias había calculado.

Amparando por la noche, al comandante persa no le quedó más remedio que retirarse hacia unas colinas próximas. Sin embargo, antes de haber alcanzado su objetivo los persas entraron en un ataque directo con los helenos, que en sus acometidas consiguieron derribar el muro de escudos spara de las tropas persas. Se valieron para ello de la superioridad tecnológica de las lanzas helenas, más largas que las persas, y de la disciplina y técnica sin igual de los hoplitas. Como explica el historiador Victor Davis Hanson en su capítulo del libro «Historia de la guerra» (Akal), la disciplina espartana y el poder de «la lanza de los dorios», que, en palabras del tragediógrafo Esquilo, «derramó sangre en un sacrificio sin medida», respaldados por el entusiasmo ateniense y la simple masa de la infantería griega, quebraron el ejército persa y masacraron luego a los supervivientes en su huida.

Ante el derrumbe de los arqueros y la infantería, el propio Mardonio y una fuerza de 1.000 inmortales se lanzaron a un ataque desesperado para frenar el avance griego. No en vano, la inesperada muerte de Mardonio, a causa del impacto en la cabeza de una piedra que lo tiró del caballo, desmoralizó al ejército persa y lo cundió en una huida sin control por la llanura. Como es habitual en este tipo de batallas de la antigüedad, la persecución derivó en una gran matanza. Solo una parte del ejército de Jerjes pudo reorganizar sus filas. Se estima que cerca de la mitad consiguió volver a los territorios del imperio persa para no volver a pisar suelo griego.

La batalla de Platea supuso el punto final a la Segunda Guerra Médica, así como el final de la serie histórica de invasiones asiáticas a la Grecia continental. Sobre el principio del fin del todopoderoso imperio persa, nació el contraataque griego que, un siglo después, culminó con el Imperio asiático edificado por Alejandro Magno. A partir de la Guerra del Peloponeso, empezaron a surgir soldados profesionales, primer paso para que los hoplitas se convirtieran en la fuerza mercenaria más demandada incluso en puntos remotos de Asia, como así narró Jenofonte con maestría en la épica de los 10.000.

En este sentido, como señala Carlos Varias en su introducción a la edición de «Anábasis» hecha por Cátedra Letras Universales, «el reclutamiento de tantos mercenarios griegos constituye el principio de una nueva época en la historia militar de la Antigüedad: el de los ejércitos profesionales».

jueves, 6 de junio de 2019

Un vecino de La Unión encuentra una escultura humana de la época romana


Pequeña de tamaño, pero de enorme importancia para el futuro de la arqueología en La Unión. Es la primera escultura romana de representación humana que se encuentra en el municipio y, su artífice, es un vecino del pueblo, Santiago Valverde. En un gesto honroso por donde se mire, la va a entregar en los próximos días a las autoridades municipales. Como descubridor, Valverde se ha permitido bautizarla ya, cariñosamente, como 'Carmen'.

Su hallazgo marca un antes y un después en las excavaciones arqueológicas que se han llevado a cabo en el municipio a lo largo de los siglos XX y XXI, provechosas, pero siempre a la sombra de los deslumbrantes descubrimientos de la vecina Cartagena.

Valverde, al que apasiona el patrimonio natural y minero de La Unión -y recorrer hasta el último recoveco de la Sierra Minera- ya ha compartido sus primeras impresiones con varios expertos, los profesores de la Universidad de Murcia, Juan Antonio Antolinos, Alicia Fernández y Javier García del Toro. La conclusión provisional es que se trata de la imagen de una divinidad familiar que formaba parte de un altar o de un conjunto ornamental de alguna vivienda de la zona.

Por lo pronto, la pieza arqueológica se va a entregar en los próximos días al Museo Arqueológico municipal, que se encuentra en Portmán «para que se pueda profundizar en su estudio y datarla». Eso sí, el unionense ha pedido al ayuntamiento que cumpla «dos demandas» de los amantes de la arqueología local: «el nombramiento de un responsable del museo, que lleva años descabezado desde el fallecimiento de Mariano Muelas, y la financiación suficiente de campañas arqueológicas para sacar a relucir más hallazgos de lo que fue la vida cotidiana de nuestros antepasados unionenses». Y más que una demanda, una exigencia: «que no se la lleven de La Unión».

«Evitar expolios»

Santiago Valverde halló la pieza arqueológica en un paraje del municipio que no quiere dar a conocer, de acuerdo con las indicaciones de los arqueólogos. «No», explica, «porque probablemente atraeremos a desaprensivos que vendrán a expoliar todo lo que puedan en la zona». El unionense encontró la escultura en la orilla de un camino, bajo unas plantas, «lo que da a entender que podía llevar poco tiempo allí tras ser desenterrada por causas fortuitas». Su aparición en la superficie podría ser reciente y, probablemente, se deba a escorrentías de las lluvias o al paso de ganado ovino en los alrededores.

El vecino unionense pidió la colaboración de autoridades y ciudadanos en general para «preservar el anonimato» de este lugar hasta que puedan establecerse «medidas de seguridad que eviten su saqueo». Valverde explicó que el paraje fue explorado arqueológicamente «hace muchos años, pero sin resultados tan notorios como éste». El hallazgo de 'Carmen' abre otro escenario completamente distinto, ya que podría desvelar el asentamiento más poblado y rico de la Antigua Roma en La Unión.
«Haremos todo lo posible»

Desde el Ayuntamiento, el Alcalde, Pedro López Milán, alabó «la generosidad» de Santiago Valverde y aseguró que hará «todo lo posible» por que 'Carmen' se quede en La Unión y «haya más dinero para excavaciones en el municipio».

En La Unión, el yacimiento arqueológico más conocido y explorado hasta la fecha es el de la Villa del El Paturro, en el noreste de Portmán. Sin embargo, que nadie se acerque para encontrar piezas tan valiosas como 'Carmen' porque no es el lugar donde se ha localizado a la pequeña divinidad.

El Paturro era uno de los pueblos rurales y pesqueros al este de Cartago Nova en el siglo I d.C. Allí se elaboró el famoso salazón 'garum'. El fondeadero del Portus Magnus (Portmán) permitía una fácil salida al mar para exportarlo. Allí han aparecido fragmentos de esculturas, pinturas murales, pavimentos de mosaicos, termas y de las balsas del 'garum'.

miércoles, 5 de junio de 2019

ABC:Sale a subasta un excepcional busto de Tutankamón de hace 3.000 años


Se espera que una escultura de hace 3.000 años de Tutankamón, el faraón más famoso del Antiguo Egipto, supere los cuatro millones de euros en la subasta que se llevará a cabo el próximo mes de julio en la sede londinense de Christie's.

A juicio del Financial Times, la enorme cuantía del precio se explica por la excepcionalidad que supone que una estatuta del faraón niño salga al mercado, ya que la mayoría se encuentran en museos.

Además de la escasez de piezas similares, las casas de subastas se enfrentan cada vez más a menudo a demandas de repatriación cuando salen a la venta. La misma Christie's tuvo problemas el año pasado cuando vendió un relieve asirio del palacio real de Nimrud por 31 millones de dólares. En su día el ministerio de Cultura de Irak había denunciado la venta, solicitando su repatriación, pero la casa negó que existiera base legal alguna para llevarlo a cabo.

Egipto, por su parte, ha endurecido recientemente su legislación con respecto al comercio ilegal de antigüedades. Además, está prohibido la exportación de piezas desde 1983 y ha regulado la venta de su patrimonio cultural desde 1835.

Templo de Karnak

Es la primera vez que este busto, perteneciente a la Colección Resandro -una de las más reputadas en arte egipcio-, sale al mercado desde 1985. Los expertos de la Christie's creen que estuvo en el Templo de Karnak, donde se han encontrado otras piezas dedicadas al faraón niño. Se trata de la cabeza de una estatua del dios Amón (deidad egipcia del sol y el aire» y es «una destacada representación del legendario rey Tutankamón como el dios Amón», ha afirmado Laetitia Delaloye, especialista en antigüedades de Christie's.

La cabeza es «reconocible por la cara magníficamente modelada -ha continuado esta especialista- que muestra ojos, cejas y labios sensuales, tallados con sensibilidad, un estilo heredado del importante Período de Amarna».

Las piezas de esta etapa, que duró veinte años y precedió al reinado de Tutankamón, son muy apreciadas, ya que se produjo una revolución religiosa y artística en la que los escultores de la corte rechazaron los motivos estandarizados para capturar rasgos individuales de una manera mucho más realista.

Tutankamón subió al trono cuando apenas contaba con 9 años y solo estuvo en él hasta los 18, cuando moría en 1323 a. C. El faraón es tan famoso, no porque fuera un gran rey, sino porque su tumba está entre las mejor conservadas.

El egiptólogo Howard Carter la descubría intacta en 1922. Junto a la momia, en una cámara insólitamente pequeña para alguien de su rango, se encontraron 5.398 objetos, incluyendo un majestuoso ataúd de oro, una impresionante máscara mortuoria dorada, tronos, arcos, trompetas, cofres, joyas, vino, comida, sandalias, ropa interior de lino y una daga hecha de hierro de meteorito. 

martes, 4 de junio de 2019

El País:‘Romulus’, la primera serie hablada en latín


La fiebre de las series de ficción ya obligó, no hace tanto, a las plataformas de distribución audiovisual a través de Internet (streaming) a abrazar contenidos que no estuviesen exclusivamente en inglés: Borgen enseñó danés por varios países de la misma forma que Élite o La casa de papel pudieron ser éxitos internacionales sin renunciar al español. Ahora esta tendencia ha alcanzado un hito: Romulus, la primera gran serie en protolatín —la versión arcaica de esa lengua— de la historia de la televisión. De hecho, la primera, grande o no, en dicho idioma.

En los diez capítulos que su productora, Cattleya (la responsable de Gomorra, el mayor éxito de la televisión italiana) anunció, se contará la historia de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Es una extensión de Il primo re, la película que el cineasta Matteo Rovere, de 37 años, estrenó en Italia el pasado enero. Para este director romano, la veracidad histórica era tan importante que sus protagonistas hablaban en latín. La semana pasada el título gozó de una segunda vida, cuando se proyectó en Cannes y empezó a recibir ofertas de distribución internacional. Mediaset ya ha comprado los derechos para su emisión en España. Y ese renovado interés se ha convertido ahora en el nuevo proyecto de Rovere: Romulus, la misma historia, adaptada para una superproducción de televisión, financiada por Cattleya para la cadena Sky. Será la primera serie de televisión para el cineasta. Il primo re era su cuarta película.
 

La fiebre de las series de ficción ya obligó, no hace tanto, a las plataformas de distribución audiovisual a través de Internet (streaming) a abrazar contenidos que no estuviesen exclusivamente en inglés: Borgen enseñó danés por varios países de la misma forma que Élite o La casa de papel pudieron ser éxitos internacionales sin renunciar al español. Ahora esta tendencia ha alcanzado un hito: Romulus, la primera gran serie en protolatín —la versión arcaica de esa lengua— de la historia de la televisión. De hecho, la primera, grande o no, en dicho idioma.

En los diez capítulos que su productora, Cattleya (la responsable de Gomorra, el mayor éxito de la televisión italiana) anunció, se contará la historia de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Es una extensión de Il primo re, la película que el cineasta Matteo Rovere, de 37 años, estrenó en Italia el pasado enero. Para este director romano, la veracidad histórica era tan importante que sus protagonistas hablaban en latín. La semana pasada el título gozó de una segunda vida, cuando se proyectó en Cannes y empezó a recibir ofertas de distribución internacional. Mediaset ya ha comprado los derechos para su emisión en España. Y ese renovado interés se ha convertido ahora en el nuevo proyecto de Rovere: Romulus, la misma historia, adaptada para una superproducción de televisión, financiada por Cattleya para la cadena Sky. Será la primera serie de televisión para el cineasta. Il primo re era su cuarta película.

"Será una historia de sentimientos, guerra, hermandad, valor y miedo", prometía ayer Rovere durante el anuncio de la serie. Estos rasgos los comparte con Il primo re, pero la versión televisiva promete ser más grandilocuente. Al menos Rovere la resume de esa manera: "Será un fresco grandioso, épico, una reconstrucción altamente realista de los hechos que condujeron a la fundación de Roma. Y, por encima de todo, una investigación de los orígenes y del profundo significado que tiene el poder en Occidente: un viaje a un mundo arcaico, aterrador, donde todo es sagrado y la gente siente la presencia, hostil y misteriosa, de los dioses en cada esquina".

Esta épica se centrará en tres personajes, dos hombres y una mujer. Andrea Arcangeli y Francesco Di Napoli, dos actores relativamente desconocidos, encarnarán a los primeros, y Marianna Fontana (Indivisibili), a la segunda.

"Son algunos de los jóvenes con más talento de Italia", vuelve a prometer Rovere. "Este es un proyecto que lleva la que quizás sea la marca más reconocible de nuestro país, Roma, y que espera atraer atracción mundial con una gran historia que contar: la fundación y el mito de la Ciudad Eterna".

lunes, 3 de junio de 2019

ABC:Las Champions de la Antigua Roma


El ruido era ensordecedor en las inmediaciones. Dentro, miles de aficionados, muchos vestidos con los colores de su equipo, animaban con tal pasión a los suyos que sus gritos y sus cánticos se oían con claridad en las tabernas cercanas. En ellas celebrarían después la victoria o ahogarían sus penas. Los hay que ganarían por partida doble con las apuestas, o todo lo contrario. Ese día la ciudad giraba en torno al espectáculo deportivo que allí se disputaba. Y no, no era una final de la Champions, aunque escuchando hablar al historiador David Álvarez Jiménez, forofo del fútbol y del circo romano, resulten palpables las similitudes entre la fiebre que despertaban entonces las carreras de carros y los derbis de hoy.

«Era un espectáculo muy adrenalítico», asegura este doctor en Historia Antigua que, en su libro « Panem et circenses» (Alianza Editorial, 2018), recorre la historia de Roma a través del circo. La escena de la carrera de la película de Ben-Hur, que protagonizó Charlton Heston, refleja bien la tensión de la competición, los peligros que debían sortear los aurigas para conducir a sus caballos hasta la meta y el furor que despertaban entre los espectadores que se apretujaban en los asientos.

«Fue el mayor espectáculo que jamás conoció el mundo antiguo», asegura este doctor en Historia Antigua, que aporta datos: el Circo Máximo de Roma debió de contar con un aforo de unas 250.000 personas, una cuarta parte de la población total de la ciudad. Con unas gradas que rodeaban la arena de 621 metros de largo por unos 150 de ancho, «fue el mayor recinto deportivo construido en la historia de la humanidad hasta la llegada de los deportes de masas en el siglo XX, en concreto las actuales competiciones de motor», subraya.

«En el anfiteatro, un gladiador vivía o moría, pero no creaba escuela. En el circo, generación tras generación de una familia seguía a alguno de los cuatro colores o facciones que competían entre sí, los azules y los verdes principalmente, o los rojos y los blancos», explica Álvarez. Todos los romanos, hasta el mismísimo emperador, eran seguidores de un equipo. Algunos soberanos fueron, de hecho, auténticos hinchas de la «factio» a la que apoyaban e incluso los hubo que llegaron a competir como aurigas, como Nerón, para escándalo de sus contemporáneos (los aurigas solían ser esclavos). Pero todos, en mayor o menor medida, rentabilizaron políticamente la pasión de sus súbditos por el circo.

«Todos hicieron uso del circo, incluso Juliano Apóstata que lo detestaba con toda su alma. De todos se destaca su afición por los espectáculos, su gasto. Se suele citar a Nerón o Calígula, pero incluso Marco Aurelio reconocía la necesidad de los espectáculos para satisfacer a las masas», relata el historiador. Era un medio de contentar al pueblo y congraciarse con él, y también de controlarlo. El «panem et cicenses» («pan y circo») que acuñó Juvenal en su sátira.

Desde el principio, el circo jugó un importante papel político y social. La capacidad del recinto para reunir a las masas lo convirtió en el lugar de asamblea popular más idóneo y donde más cerca podía encontrarse el emperador con el pueblo. Cuando la gente se quejaba de algo, lo hacía allí. Cuando el soberano quería celebrar un triunfo o mostrar su poder, también lo hacía allí. En época bizantina, los emperadores eran coronados precisamente en el Hipódromo de Constantinopla, construido por Constantino a imitación del Circo Máximo, aunque de menor capacidad (100.000 espectadores).


Revueltas y baños de sangre

Las facciones de los verdes y los azules, que eran las que congregaban un mayor número de aficionados, tenían su propia grada de animación y en su núcleo albergaban a los elementos más ruidosos, los seguidores más violentos, que no dudaban en enfrentarse a sus rivales y a las autoridades, o en convertirse en cabecillas de reivindicaciones sociales y políticas. «Los ultras de ahora son hermanitas de la caridad comparados con los ultras del circo romano», remarca el autor de «Panem et circenses» que da buena cuenta en el libro de disturbios que se iniciaron en el circo y terminaron en un baño de sangre, como la revuelta de Niká en la que murieron 35.000 personas o la que sofocó el emperador hispano Teodosio en Tesalónica con la ejecución de 7.000 personas.

«El circo también tenía su peligro para las autoridades, pero éstas nunca se cuestionaron su existencia», señala Álvarez, porque los ultras eran también quienes animaban y dirigían los clamores al emperador y quienes llevaban a las canchas las reivindicaciones políticas y los problemas sociales de la ciudad, a los que a veces el emperador satisfacía y otras no.

El espectáculo comenzaba con unas pompas circenses, un desfile por las calles de la ciudad en el que participaban los aurigas, los pantomimos (artistas que actuaban entre las carreras) y el propio editor que patrocinaba el espectáculo, lo pagaba u organizaba. La vuelta ceremonial conducía hasta el circo donde, a su llegada, la gente entraba y ocupaba sus localidades. La entrada era al parecer gratuita, aunque existían algunos asientos reservados. La primera carrera del día era la más importante de las 24 que se celebraban desde la mañana hasta la noche (incluso podía haber competiciones nocturnas). El organizador soltaba un pañuelo blanco y comenzaba la competición, que consistía en 7 vueltas a la arena que se contabilizaban desde la espina central haciendo caer imágenes de un delfín (simbolizaba la velocidad) o un huevo (debía de tener algún motivo religioso).


El mejor auriga de la Historia

El «Messi» o «Cristiano Ronaldo» más famoso del mundo antiguo fue un hispano, Diocles, que en los 24 años que compitió como auriga consiguió más de 1.400 victorias en 4.200 carreras. Una gran inscripción honorífica que se le dedicó en vida tras su retirada a los 42 años detalla todos sus triunfos, los caballos con los que compitió en carros tirados por hasta siete caballos, los grandes premios que ganó y hasta el dinero que obtuvo, toda una fortuna entonces que le permitió retirarse al Praeneste (actual Palestrina). Allí se descubrió una segunda inscripción en su honor, en el templo de la Fortuna Primigenia, erigida por sus hijos.

Para un auriga, competir en el Circo Máximo de Roma, como hizo en multitud de ocasiones Diocles, era alcanzar la cima en su profesión, pero había circos importantes en Cartago, Antioquía, Alejandría o la ya citada Constantinopla y otros muchos repartidos por toda la geografía imperial. En Hispania se conocen una treintena de circos, entre ellos los de Tarragona, Sagunto, Lisboa, Valencia, Carmona, Segóbriga, Calahorra, Toledo, Córdoba, Écija y Mérida, y en otros muchos lugares hay indicios de su existencia. Aunque no se podían comparar en tamaño con los de las grandes ciudades imperiales, se estima que 23.000 espectadores abarrotaban el circo intramuros de Tarraco y hasta 30.000 personas el de Mérida.

«También por inscripciones sabemos que se improvisaban en espacios aplanados de tamaño suficiente, con tablones de madera (como ahora con plazas de toros)», relata Álvarez. Ciudades de menor tamaño, como Guadix o Martos en la Bética, también debieron de contar con circos. «Al igual que ahora vemos aeropuertos, auditorios, polideportivos en pequeñas ciudades que se hicieron en los años previos a la crisis, entonces los más poderosos de la ciudad procuraban incluir este tipo de espectáculos porque les daban réditos políticos», añade ya que no solo el Estado romano sufragaba el circo. También los particulares podían organizar carreras para ascender social y políticamente y lograr el beneplácito de la ciudadanía.

Quizá en la recién descubierta Caraca, en Driebes (Guadalajara), den un día con algún indicio. A David Álvarez, que pertenece al equipo arqueológico que ha sacado a la luz la antigua ciudad romana, le encantaría. «No hemos encontrado ninguna evidencia positiva», admite con cierto pesar, pero no pierde la esperanza y sigue examinando in situ y con fotografías aéreas dónde pudo haber sido instalado. Si tuvo unas termas como las de Segóbriga, es posible que contara también con circo estable o que al menos albergara espectáculos circenses de forma ocasional. «Hay lugares donde se sabe que llegaban «troupes» de aurigas que iban recorriendo el Imperio y se organizaba un espectáculo. Pudo ocurrir en Caraca, por qué no», aventura.

El circo continuó tras la caída del Imperio Romano de Occidente en algunos reinos bárbaros y en el Imperio Oriental hasta la Edad Media, prácticamente hasta el siglo XIII, aunque cada vez fue teniendo menos sentido, según explica el historiador que cierra su recorrido histórico en el año 602, con el asesinato del emperador bizantino Mauricio. Las ricas monarquías ostrogodas y vándalas lo mantuvieron hasta que los territorios comenzaron a empobrecerse y las aficiones cambiaron.

Con el tiempo la arena por la que corrían las cuádrigas pasó a ser escenario de justas de caballeros y el mayor espectáculo del mundo antiguo expiró. De su enorme tirón en la Antigüedad aún dan fe los restos arqueológicos de lo que fueron los circos, los mosaicos, las inscripciones y cerámicas con motivos circenses... «Se vendían incluso uniformes de aurigas, como las camisetas de fútbol actuales», apunta Álvarez. También en eso somos herederos de Roma.