martes, 8 de agosto de 2017

ABC:Hallan en el Mar de Galilea la villa donde se cree que Jesús multiplicó panes y peces


Arqueólogos israelíes han hallado en los alrededores del Mar de Galilea (lago Tiberiades o Kineret) los restos de Betsadia (Julias), la villa en la que según la tradición cristiana vivieron tres apóstoles -Pedro, Andrés y Felipe- y tuvo lugar el milagro de los panes y los peces.

«Hemos encontrado lo que parece ser la ciudad de los tres apóstoles, donde Jesús multiplicó los panes y los peces», aseguró el arqueólogo Mordejai Aviam, del Kineret College de Israel, que lleva trabajando en este proyecto desde hace tres años. En la costa noreste del Mar de Galilea, su equipo desempolvó el lugar donde, según el Nuevo Testamento, estuvieron tres de los apóstoles de Jesús, sepultado sobre la antigua ciudad romana de Julias, en el valle de la hoy llamada Reserva Natural de Bethsaida.

La temporada pasada Aviam halló, junto a otros 25 arqueólogos y voluntarios, una capa del periodo de las Cruzadas, una factoría de azúcar del siglo XIII, un monasterio y lo que parece ser una iglesia. Dos metros bajo el suelo encontraron restos del periodo bizantino, que se remonta a la etapa final del Imperio Romano y que en sus primeros años de vida se extendió por todo el Mediterráneo Oriental.

Tiempo atrás se había descartado la posibilidad de encontrar algo de este periodo de la historia, explica, pero fue la aparición de una cerámica en 2014 lo que les llevó a centrarse más en esta área, y lo que desenterraron aumentó sus expectativas.

«Hay monedas, cerámica, un mosaico, muros y una casa de baños de estilo romano, lo que nos lleva a pensar que no se trataba simplemente de un pueblo sino de una gran ciudad romana», asegura Aviam, y añade que por debajo de la capa que data de las Cruzadas encontraron estas ruinas del periodo anterior, el romano (del año 300 al 100 a.C.).

Según los evangelios
Según los Evangelios, Jesús se retiró a un lugar desierto a descansar a solas, sumido en la tristeza por la noticia de la muerte de Juan el Bautista (ordenada por Herodes Antipas), pero una muchedumbre creciente le siguió. Cuando caía el atardecer, sus discípulos le sugirieron despedir a sus seguidores para que pudieran ir a comer, pero él les dijo que no era necesario que se fueran y les mandó alimentarlos con lo que allí había, a lo que estos contestaron que solo tenían cinco panes y dos pescados. Luego se produjo el milagro.

Avian asegura que los restos encontrados demuestran que ese es el lugar donde millones de cristianos ubican ese milagro, si bien hay otras teorías arqueológicas, que sitúan la localidad en otros puntos de la región, rechazando esa ubicación con el argumento que el nivel del lago en esa época cubría esa zona, algo que los nuevos hallazgos contradicen.

El historiador Flavio Josefo describió en sus textos la ciudad de Betsadia, de la que explicó que el rey judío Felipe el Tetrarca la transformó, elevándola de un pueblo de pescadores a una auténtica ciudad romana. No muy lejos de allí, en la vecina localidad de Tiberiades, en la orilla opuesta del lago, otras excavaciones sitúan Magdala, el pueblo donde nació y vivió María Magdalena, una de las más relevantes figuras femeninas de la Biblia.

Los responsables de los últimos hallazgos arqueológicos en la zona pretenden convertir las tierras que rodean el Mar de Galilea en un lugar de peregrinaje, culto y turismo para lo que buscan seguir los pasos de Jesús y recorrer los paisajes que transitaron él y sus discípulos. Para muchos creyentes, pisar la tierra en que vivió Jesucristo y ver restos que datan de su época y que ponen en el mapa actual los lugares recogidos en los evangelios es, además de una experiencia llena de emoción, una prueba para reafirmar su fe.

lunes, 7 de agosto de 2017

El País:Descubierto en Cádiz el mayor puerto púnico del Mediterráneo


Los últimos rayos de sol tiñen de dorado el pasto de la finca ganadera de Miguel y Manuel Lavi. Las vacas no pierden de vista a un invitado desconocido. Al remolque de una ranchera conducida por el profesor de Historia Antigua de la Universidad de Cádiz Lázaro Lagóstena, un novedoso georradar escanea el subsuelo en profundidades de hasta cuatro metros. Aunque los terrenos lindan con el yacimiento fenicio de Doña Blanca, situado en El Puerto de Santa María (Cádiz), a simple vista no hay indicios de vestigios en la zona. De repente, el ordenador del georradar comienza a dibujar la retícula de lo que parecen calles y edificios. Lagóstena y su equipo acaban de confirmar lo que ya sabían: bajo esas tierras fértiles se esconde el desconocido puerto púnico de Doña Blanca, “el más extenso y mejor conservado del Mediterráneo”, como apostilla el profesor.


No es la primera vez que Lagóstena, coordinador de la Unidad de Geodetección de la universidad, visita la zona con su georradar. En la primavera de 2016 ya acudió a ese punto, ubicado en la falda de la Sierra de San Cristóbal y cercano al antiguo cauce del río Guadalete, para probar y entrenar su equipo de arqueología no invasiva. Exploró superficies no excavadas, pero sí documentadas del yacimiento. De paso, escaneó cinco hectáreas en los terrenos de los hermanos Lavi, inexploradas arqueológicamente y sin protección alguna, pero donde el conservador del museo de El Puerto Juan José López Amador ya teorizó, en 2008, sobre la posible existencia de estructuras enterradas. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula hasta para el propio Amador. La geofísica permitió averiguar la presencia de un gran asentamiento de 250 metros de largo, 125 de ancho; un perímetro de 700 metros y tres hectáreas aproximadas de superficie. Las estructuras comienzan a aparecer a 50 centímetros de profundidad y alcanzan hasta los 1,80 metros.

“Interpretamos que es el espacio portuario de la ciudad fenicia y púnica”, explica Lagóstena mientras escanea de nuevo, en los últimos días de julio, algunos puntos del terreno que se quedaron por analizar en la anterior campaña. Los hallazgos dejan poco lugar a la duda. Con sus pasadas de dos metros de ancho, el georradar dibuja una amplia e intrincada trama urbanística. “Se identifican diversos edificios con probable funcionalidad portuaria como almacenes, espacios productivos o edificios religiosos”, añade. A eso se suman estructuras como calles y espacios abiertos que permiten plantear “la hipótesis de su identificación con el área portuaria de la ciudad del Castillo de Doña Blanca durante el período púnico-cartaginés" (siglos V-III a.C.).

Tanto Lagóstena, como el profesor José Antonio Ruiz Gil, del área de Prehistoria de la Universidad, tienen claro que el espacio, de una única fase constructiva, se puede asociar a la etapa púnica, ya que presenta una trama “de tipo ortogonal o hipodámica”. “De clara influencia helenística muestra características urbanas conocidas en el Mediterráneo Central (Sicilia y Magna Grecia), sin olvidar sus similitudes con el barrio portuario de Cartago”, añade el coordinador de la Unidad de Geodetección.

La importancia del hallazgo es mayúscula y no solo porque hasta ahora se pensaba que la ciudad fenicia de Doña Blanca era una ciudad portuaria en sí, en lugar de una ciudad con puerto anexo, como se ha descubierto ahora. “La amplia extensión del yacimiento, su buena conservación, y su poca afección por construcciones de épocas posteriores, convierten este espacio portuario probablemente en el más extenso y mejor conservado de los conocidos para la antigüedad púnica en toda la cuenca mediterránea”, añade Lagóstena con rotundidad. De hecho, el doctor da un paso más y afirma que la trama urbana descubierta denota que se encuentran ante “uno de los puertos más importantes de la época”. La infraestructura denota el destacado peso en el comercio marítimo que todavía seguía teniendo la ciudad de origen fenicio, del siglo VIII a. C., durante su etapa púnica.

Todo lo conocido hasta el momento ha sido posible gracias al georradar y el posterior estudio de las imágenes registradas, sin realizar excavación alguna ni estudio de material arqueológico. Ahora, Lagóstena y Ruiz Gil, junto a investigadores y doctorandos de su equipo, preparan un análisis detallado del hallazgo, con la idea de presentarlo a la comunidad científica a través de artículos en diversas publicaciones.

El nuevo hallazgo confirma el destacado peso del yacimiento de Doña Blanca para comprender la presencia de los fenicios en el sur español. En litoral gaditano están documentados hasta tres núcleos de asentamiento fenicios: Cádiz, el yacimiento del Castillo de Chiclana de la Frontera y la propia Doña Blanca, ubicada donde antes se encontraba la desembocadura del Guadalete. De ellas, la última es la más destacada, dada su extensión excavada y su buen estado de conservación. Todo ello cuando hasta ahora se creía que solo había salido a la luz un 5% (unos 8.500 metros cuadrados) de la ciudad. Sin embargo, este descubrimiento confirmaría que la urbe tiene un tamaño mucho mayor de lo estimado y una historia oculta que depara muchos más secretos por explorar.

domingo, 6 de agosto de 2017

National Geographic:Las estatuas enterradas del faraón Micerino en Gizeh


En 1902 se celebró una "cumbre" egiptológica en la terraza del hotel Mena House de El Cairo. La había convocado Gaston Maspero, director del Servicio de Antigüedades de Egipto, y a ella estaban invitados algunos de los grandes arqueólogos del momento: el alemán Ludwig Borchardt (que en 1912 descubriría el busto de Nefertiti) en nombre del arqueólogo alemán George Steindorff; el italiano Ernesto Schiaparelli (que en 1904 localizaría la tumba de Nefertari), y el norteamericano George Andrew Reisner, conocido como el "Flinders Petrie americano" por la precisión y minuciosidad de sus métodos. El objetivo de la reunión era repartir las zonas de excavación en la meseta de Gizeh. Así, a los alemanes les correspondió el sector de la pirámide de Kefrén; a los italianos, parte del cementerio situado al norte de la pirámide de Kefrén, y a los norteamericanos les tocó en suerte todo el complejo funerario del faraón Micerino, el artífice de la pirámide más pequeña de las tres que se levantan en Gizeh.

Cuatro años después, en 1906, el arqueólogo George Reisner empezó a excavar en las inmediaciones del complejo funerario de Micerino, al frente de una expedición organizada por la Universidad de Harvard.

Estatuas por doquier
La pirámide de Micerino ya había sido explorada en 1834 por el británico Richard Vyse, por lo que Reisner se centró en investigar otros elementos del complejo. Sus pesquisas pronto dieron fruto. Junto a la cara este de la pirámide, Reisner localizó el templo alto –donde aparecieron fragmentos de una colosal estatua sedente en alabastro del faraón– y los restos de la calzada que unía este edificio con el templo bajo o del valle (que aún no se había hallado), donde tuvieron lugar los ritos de purificación de la momia del rey. También descubrió las capillas funerarias de las tres pirámides satélites pertenecientes a las esposas de Micerino y algunas tumbas de sacerdotes funerarios encargados del culto real.

En junio de 1908, Reisner, tras realizar algunos sondeos, centró su atención en descubrir los restos del templo bajo de Micerino. Se trataba de una construcción de ladrillo crudo con cimientos de piedra caliza, que daba la impresión de haber sido acabada de un modo precipitado, tal vez debido a la inesperada muerte del rey. En la entrada oriental, un vestíbulo con cuatro columnas –flanqueado por unas habitaciones que parecían almacenes– desembocaba en un amplio patio que daba acceso a la sala de ofrendas, con seis columnas, y al santuario propiamente dicho, junto al que se abrían unas estancias.

Fue en estas habitaciones donde en julio de 1908 Reisner hizo un sensacional descubrimiento. Joseph Lindon Smith, dibujante de la expedición, narra el momento del hallazgo: "Yo mismo compartí con Reisner la excitante apertura de cada una de aquellas salas repletas de esculturas. Dos retratos de alabastro del rey, cuatro estatuas completas, y la tríada de grauvaca. Reisner apenas podía contener la emoción...". Así, ante la estupefacción de los arqueólogos, de entre los escombros fueron emergiendo unos magníficos grupos escultóricos: ocho esculturas de grauvaca (un tipo de piedra arenisca) compuestas cada una de ellas por tres personajes: el faraón tocado con la corona blanca del Alto Egipto; la diosa Hathor, con su característico tocado con dos cuernos y el disco solar, y la personificación de un nomo o provincia de Egipto.

Cuatro de estas esculturas, que recibieron el nombre de tríadas, estaban fragmentadas e incompletas, pero otras cuatro se hallaron completas y en un excelente estado de conservación. Su función es incierta, aunque posiblemente tenían un componente tanto de culto como político; un modo de indicar que Micerino era el señor de todo el país.

Obras maestras

Cuando Reisner creía que el templo del valle de Micerino ya había desvelado todos sus secretos, el 8 de enero de 1910 salió a la luz otro grupo escultórico completo: una representación del faraón, tocado con un nemes o pañuelo real, acompañado de una mujer que lo abraza, posiblemente su esposa, la reina Kamerenebty. Por desgracia, el artista que esculpió esta magnífica pieza nunca inscribió los nombres de los representados, así que no podemos saber a ciencia cierta si se trata de la Gran Esposa Real de Micerino, como generalmente se cree.

George Reisner recuperó una gran cantidad de material del complejo funerario de Micerino. En virtud de las leyes de reparto de los hallazgos arqueológicos vigentes en la época, Reisner se llevó a Estados Unidos una de las tríadas completas y el grupo de Micerino con su esposa, además de algunos fragmentos y la estatua colosal en alabastro del faraón procedente de su templo alto. El resto de las tríadas que estaban completas se quedaron en Egipto. Estos hallazgos permitieron a Reisner reconstruir la técnica escultórica egipcia en tiempos de la dinastía IV. Según él mismo afirmó, aquel increíble descubrimiento "hizo necesario revisar la historia del arte egipcio durante ese período".

viernes, 4 de agosto de 2017

Único en el Imperio Romano


Dicen los entendidos que el conjunto palatino de Cercadilla es único en su especie. Su diseño y sus espectaculares dimensiones, 400 metros de longitud por 200 metros de ancho (80.000 metros cuadrados), lo convierten en un espacio excepcional de los que se levantaron en el territorio ocupado por el Imperio Romano, lo que hasta la fecha ha hecho imposible poner de acuerdo a los investigadores sobre las funciones e incluso el origen del edificio. Según las fuentes que se consulten, los restos que se encuentran junto a las estaciones de Córdoba datan de finales del siglo III y son fruto de un encargo del emperador Maximiano Hercúleo o tiene carácter cristiano, se levantó a finales del siglo IV y fue un encargo del obispo Osio, un cordobés consejero del emperador Constantino I el Grande. que habría querido honrar así a San Acisclo. En cualquier caso, el complejo palatino se compone de una gran aula basilical, un pequeño conjunto termal, dos salas de banquetes, dos pequeñas aulas basilicales, dos salas poliabsidadas, un posible ninfeo y apartamentos imperiales. Desde el siglo VI, parte del antiguo palacio fue reutilizado como centro de culto cristiano y, a su alrededor, se concentraría una gran necrópolis cristiana y más tarde, un arrabal islámico.

El año pasado se cumplieron 25 años de los primeros hallazgos visibles del yacimiento, localizados a raíz de los movimientos de tierra que se llevaron a cabo para el soterramiento del ferrocarril y la construcción de la nueva estación de trenes, que trajo hasta Córdoba el AVE con motivo de la Exposición universal del 92. Las prisas por terminar destruyeron parte importante de la superficie. Pese a todo, en 1992 se extrajo la cisterna del cuerpo de servicio del palacio, que se encuentra en los jardines del Paseo de Córdoba. También se lograron rescatar de la masacre restos del acueducto y de casas califales que se encuentran expuestos en los sótanos y en el patio de la estación de autobuses. En 2005, la Consejería de Cultura abrió por primera vez el yacimiento al público con visitas guiadas, pero volvió a cerrarse diez años después, en el año 2015.

La "pequeña Pompeya" que está saliendo a la luz cerca de Lyon, en el sur de Francia


Esta es sin duda la excavación de ruinas romanas más excepcional de los últimos 40 o 50 años".

Las declaraciones de Benjamin Clément a la agencia AFP dan testimonio del entusiasmo de los arqueólogos que desde hace meses trabajan en una pequeña localidad del sureste de Francia.

Poco ha poco han ido develando un viejo barrio romano de lujosas villas y vastos espacios públicos, tremendamente bien conservado.

"¡Es una verdadera pequeña Pompeya!", se entusiasma Clément, quien está a cargo de la expedición arqueológica.

Efectivamente, todo indica que los pobladores del lugar, ubicado en Vienne, cerca de Lyon, también lo abandonaron precipitadamente hace miles de años escapando del fuego.

"Y fueron esos incendios sucesivos los que permitieron conservar todos los elementos en su lugar, cuando los habitantes huyeron de la catástrofe, convirtiendo el sector en una verdadera Pompeya vienesa", explica el arqueólogo.

Casas, fuentes y mosaicos
Vienne, ubicada en las riveras del río Ródano, ya era famosa por albergar un teatro y un templo romano.

La ciudad se convirtió en una colonia de Roma aproximadamente en el 47 a.C. y floreció bajo los Césares, pues se encontraba ubicada en el camino que llevaba de Lyon -en ese entonces capital de las Galias- a Arles.

"¡Era la autopista A-7 de la antigüedad!", dice Clément, comparándola con la moderna "autopista del sol" que conecta a Lyon con Marsella.

Y, efectivamente, las nuevas ruinas fueron descubiertas durante los trabajos preparatorios para la construcción de nuevas casas en el suburbio de Sainte-Colombe, en la ribera derecha del río.

Pero también se han encontrado restos del otro costado.

Y, según Clément, además del nivel de conservación de las ruinas también sorprende su extensión -más de 7.000 metros cuadrados- así como su diversidad.

Un ejemplo es la lujosa residencia bautizada como "La casa de los Bacanales", por un piso de mosaico donde se ve una procesión de bacantes (seguidoras de Baco, el dios del vino) y sátiros (criaturas míticas mitad hombre, mitad chivo).

"Vamos a poder restaurar esa casa del suelo al techo, como en Pompeya o Herculano", promete Clément.

Mientras, en el mosaico de otra casa, conservado casi en su totalidad, se puede ver semidesnuda a Talía, la musa de la comedia, en el momento en que es raptada por Pan, el lujuriosa sátiro semidios de pastores y rebaños.

Y también hay un espacioso edificio público -construido sobre un antiguo mercado- con una fuente decorada con una estatua de Hércules.

Las excavaciones empezaron en abril y se espera se prolonguen hasta diciembre.

jueves, 3 de agosto de 2017

ABC:Un documental mostrará «detalles inéditos» de la Dama de Elche



La Cátedra Dama de Elche de la Universidad Miguel Hernández (UMH) ha producido un documental en el que se mostrarán «detalles inéditos» del busto ibérico, con motivo del 120 aniversario de su descubrimiento, que se conmemorará el próximo viernes, 4 de agosto.

El documental «120 años: Historias de la Dama» retrocede al momento de hallazgo del busto en el actual yacimiento arqueológico de La Alcudia, en el término municipal de Elche, y se centra en algunos personajes claves de su descubrimiento y la venta de la pieza, así como el estudio y protección de Villa Illici, según han avanzado fuentes de la UMH.

De piedra caliza y considerada una obra maestra del arte ibérico, que los expertos datan en torno al V a.C., la Dama de Elche fue encontrada el 4 de agosto de 1897 en el citado yacimiento por un muchacho de 14 años que colaboraba en unos trabajos agrícolas, Manuel Campello Esclapez.

Su hallazgo despertó pronto el interés de arqueólogos y entendidos a nivel internacional, ayudó a catalogar el arte íbero y situó a La Alcudia en objeto de estudio y de la mirada de investigadores y mecenas, ansiosos por encontrar piezas de la belleza y relevancia de la Dama.

El documental, según sus autores, supone un «viaje íntimo» al pasado, que cuenta con los testimonios de estudiosos que aportarán luz sobre las grandes dudas que se han mantenido desde entonces, como el motivo por el que no se volvió a excavar más en el lugar donde apareció la Dama.

También se analiza si Pierre París, quien había adquirido en 1897 la Dama de Elche (se dice que pagó por ella 4.000 francos de la época) para su exhibición en el Museo del Louvre, y su adjunto Eugène Albertini sabían realmente dónde se encontró la Dama o fueron informados erróneamente del punto al hacer sus excavaciones en 1905 por miedo a que expoliaran el yacimiento.

Por otra parte, se darán a conocer detalles y anécdotas inéditas contadas por los descendientes de Manuel Campello sobre el casual hallazgo que marcó su vida.

El documental se proyectará al público el 4 de agosto en la Plaza del Congreso Eucarístico, junto a la Basílica de Santa María, tras el tradicional acto organizado por la Real Orden de la Dama de Elche.

miércoles, 2 de agosto de 2017

El País:Regreso a la arena de Baelo Claudia


La población gaditana de Baelo Claudia alcanzó rango de ciudad el año 45 d.C., y en agradecimiento al emperador, abrazó el nombre de Claudio. Su riqueza remite al paso de atunes y a la consecuente industria de salazones en la que se elaboraba esa salsa que tanto furor desató en las mesas patricias, el garum. De tal inyección de denarios nos llegó una Roma en miniatura en la (aún hoy) perturbadora ensenada de Bolonia, en Tarifa.

El conjunto arqueológico nos invita a imaginar la clásica disposición urbanística romana. Allí el foro y el capitolio; más allá, el mercado, las termas, el que fue templo de Isis. Motivo fotográfico repetido es la columnata de la basílica (sala de justicia) presidida por Trajano –la estatua original se exhibe en el Museo de Cádiz- rodeada de un contexto natural, propio del Estrecho, que quita el hipo.

Fiel a la morfología del terreno, el teatro sigue el modelo de Vitruvio y, pese a ser de pequeñas hechuras aunque coqueto, denota bonanza económica, la que hoy permitiría a un pueblo la edificación de un campo de fútbol. El aparato escénico era amplio, pensado para albergar espectáculos de danza, y se cerraba al fondo con una fachada ornamental decorada con vanos, columnas y esculturas como los corpulentos silenos, cuya reproducción se enseña en Baelo Claudia. Ese fondo hoy no es sino el océano del estrecho de Gibraltar, el cielo y a la derecha las dunas de El Anclón. Blancas, montañosas, incólumes.

El aforo, gracias a la instalación de gradas fijas, alcanza los 550 espectadores. Ni se registra contaminación lumínica ni a las gradas llega ningún sonido de rumor urbano.

Teatro y perseidas

Pero una escenografía, por brillante y remota que sea, no es nada sin palabras. De ahí que Baelo Claudia, junto con Itálica (Sevilla) y Málaga, sirva de escenario, en este caso panorámico, al Festival de los Teatros Romanos de Andalucía. Quién sabe si en recuerdo de las puellae gaditanae (bailarinas célebres en el ámbito de la escena), el Ballet Flamenco de Andalucía fusiona del 2 al 4 de agosto tradición y vanguardia, en tanto que El asno de oro (10-12 de agosto), de Apuleyo, tendrá como figura descollante al actor El Brujo. En estas funciones habrá que hacer un ejercicio de concentración, porque no es la primera vez que la tormenta de perseidas distrae la atención del respetable.


La obra Trajano. Optimus Princeps (16-19 de agosto) rinde homenaje al primer emperador hispano en el 1.900 aniversario de su muerte. ¿Se llegó a representar Las troyanas de Eurípides en este escenario? Muy factiblemente. En cualquier caso, la tragedia más representada, junto con Medea, ambientada al final de la guerra de Troya, subirá a la escena del 29 al 31 de agosto. Si sopla poniente, es aconsejable portar una prenda ligera de abrigo.